
INTRODUCCIÓN / RESUMEN
En 1992, mientras nuestro mundo más cercano vivía pendiente de los fastos olímpicos y demás noticias 'de época', el anónimo Jean Armour Polly acuñaba la célebre expresión "surfing the net". "Surfear o navegar la red", paráfrasis relativa a un mundo aún desconocido por la práctica totalidad del planeta, se convirtió en los años siguientes en algo común y frecuente, tanto en su dimensión práctica como en su dimensión mediática, llegando a convertirse en una de las expresiones de moda de nuestros tiempos. Sin embargo, si bien la WWW es un entorno cada vez más 'navegado' cuantitativamente, lo cierto es que los parámetros y las características de aquella primera WWW 'surfeable' han cambiado tanto que la han vuelto irreconocible. ¿Es todavía posible hacer 'surf' en la actual WWW hiper-corporativa?
Es habitual echar la vista atrás en momentos de efemérides. Tampoco deja de ser frecuente aprovechar los momentos de recesión o crísis -denomínesela a gusto del afectado- para realizar reflexiones retrospectivas, de aquellas que pretenden entender el "¿cómo hemos llegado a esto?" del modo más literal: explorando, paso a paso, cómo se ha ido caminando hasta la situación actual.
En estos momentos, se están produciendo ambas situaciones: mientras redactamos estas palabras, Internet no deja de soplar velas, especialmente en su acepción más conocida y vistosa, la World Wide Web. Por otro lado, las noticias y reportajes sobre la crisis/recesión del sector siguen ocupando espacio y más espacio en los servicios informativos más y menos especializados, ya se entienda esa crisis/recesión en lo económico, en lo político o en lo que respecta a los contenidos a comunicar a través de tan vasta y cacareada tecnología. La combinación, pues, de momento de efémeride y crisis, es razón suficiente para que, nosotros también, echemos una mirada a la corta y acelerada historia de este medio y subrayemos algunas de las claves de esta evolución sinuosa y accidentada, intentando vislumbrar cuáles son las pautas evolutivas que hay detrás de la Internet y la WWW de ayer, hoy y mañana.
La tecnología y sus vericuetos
A nadie puede pasarle por alto el cariz que, desde hace algunos años, viene tomando Internet y el mundo de la informática en general. Mientras a principios de los '90 el estándar del PC apenas comenazaba a imponerse y eran diversos los sistemas y las marcas todavía involucradas en la batalla por el predominio mercantil del sector, hoy en día se pueden divisar los cuerpos de bastantes cadáveres en el camino. Spectrums, Amstrads, Ataris, Commodores, MSXs, etc. en sus diferentes líneas de producto han ido abandonando la lucha por el mercado doméstico y de la pequeña y mediana empresa, dejando tan sólo dos grandes compañías y estándares vivos: PC y Mac.
Una línea evolutiva similar y absolutamente vinculada a la anterior puede verse en lo que respecta a las aplicaciones de software, donde la carrera por las grandes porciones del pastel ha quedado limitada a tres o cuatro compañías que se pelean entre ellas y contra la gigantesca Microsoft, auténtica dominadora del mercado doméstico mundial.
Podría parecer exagerado o catastrofista afirmar que el proceso que está viviendo Internet es paralelo al que hemos descrito para hardware y software informático en general, pero lo cierto es que hay muchos indicios de que esto es así. Posiblemente, el rechazo a constatar este paralelismo proviene del rechazo mismo que los usuarios -especialmente los que llevan más años on-line- muestran a la progresiva privatización y comercialización de Internet. Sin embargo, las evidencias nos sitúan en los albores de una segunda década de Internet diametralmente diferente a la primera.
Antes de continuar, debemos citar a Perogrullo, que afirmaba que 'diferente' no significa 'mejor' ni 'peor' sino simplemente 'diferente'. Sea como sea, y por mucho que haya pros y contras numerosos para juzgar estas 'diferencias' entre la World Wide Web de hoy y la de hace algunos años, hay un factor que es tan ineludible como la perogrullada anterior: las indudables mejoras técnicas y tecnológicas. Y un corolario que acompaña a este factor: en nombre de las (indudables) mejoras técnicas y tecnológicas, se ha llevado a cabo un proceso comercial y empresarial de gran calado cuyos efectos sobre la WWW son tan o incluso más importantes como las mencionadas mejores tecnológicas.
Y puesto que la memoria humana es frágil y la del internauta es, además, corta y fácilmente sobornable, vamos a echar la vista atrás para aportar, primero, algunos datos contextualizantes y, después, una comparación hipotética entre la experiencia de un usuario de Internet actual y la que creemos recordar de algunos años atrás, para intentar, de este modo, subrayar estos vectores evolutivos de los que venimos hablando en estas últimas líneas.
Érase una webz...
Que Internet no tenía, en sus albores, ningún interés comercial puede parecer una afirmación un tanto extremada, pero todo parece indicar que así fue. Los barruntos primigenios del ciberespacio hoy dominado por las grandes empresas multinacionales eran, por el contrario, una curiosa combinación de intereses militares, humanísticos, contra-culturales, tecnológicos y un tanto esotéricos, financiados por el pavor gubernamental estadounidense a verse superada por la extinta URSS en lo que a tecnología e investigación se refiere. Ese pavor ha recibido algunas veces la denominación de 'efecto Sputnik', por haber sido el lanzamiento de aquel primer satélite artificial lo que provocó un estado de ansiedad e inquietud en el Departamento de Defensa estadounidense lo suficientemente traumático como para crear el ARPA (Advanced Research Projects Agency) y financiarlo suntuosamente de un plumazo.
A medida que los primeros y gigantescos ordenadores iban estandarizando funcionamientos y los primeros protocolos de conexión se desarrollaban, probaban y ponían en marcha, fueron las universidades (de hecho, algunos departamentos informáticos y de ingeniería de algunas universidades) las que asumieron el rumbo del primer antepasado reconocible de Internet, ArpaNET. Los años '70s son de pruebas e investigación mientras que los '80 dieron una primera muestra de lo que iba a ser la Internet de los primeros '90: un espacio de inter-comunicación, eminentemente lúdico, minoritario, básico y, de modo nada casual, absolutamente ajeno a una aplicación comercial.
No es que las empresas no quisieran invertir en la tecnología de interconexión de ordenadores. En realidad, aparte de algunas empresas especializadas del sector -donde destaca especialmente SUN Microsystems- aquellos esbozos de Internet pasaron completamente inadvertidos al mundo empresarial convencional. No podía ser de otro modo: donde no hay usuarios, no hay clientes. Donde no hay clientes, no hay comercios. Había otros factores añadidos que sumar a la absoluta desatención del mundo empresarial convencional hacia Internet, como la existencia de diversos estándares nacionales (en Europa la investigación seguía otras pautas coordinadas (?) por la ISO que jamás llegaron a implementarse realmente) que acabarían con la imposición de facto del protocolo TCP-IP, a finales de los '80.
Sin embargo, los '80 son significativos en otro sentido: el ciberespacio comienza a poblarse de usuarios. Pocos y escogidos, pero usuarios en definitiva. Procedentes de los campus de las universidades norteamericanas, inglesas, australianas, canadienses y escandinavas, estudiantes, investigadores y docentes comenzaron a hacer uso de la nueva tecnología. Y lo que resulta más llamativo: la principal utilización que se le dio a ésta fue de tipo lúdico y emotivo.
Los '80 son años marcados por una Internet (en realidad, ArpaNET, puesto que Internet per se no nace hasta la desaparición de la anterior, en 1990) puramente textual, por los juegos de rol online (el primero de ellos se pone en marcha en 1979, bajo el nombre de MUD1, y a continuación cientos de ellos se esparcirían por todos los centros académicos interconectados a la Red); de UseNet (los grupos de noticias, foros de discusión por lista especialmente activos y significativos hasta bien entrados los '90); del correo electrónico como gran descubrimiento social; de las primeras comunidades virtuales strictu sensu (nombres como The Well han sido de una importancia capital en la literatura divulgativa sobre las comunidades virtuales y llevaron a muchísimos usuarios que no provenían de departamentos informáticos a sus primeros escarceos con la Red); de los chats en base telnet y, desde 1988, de los chats en IRC, auténtica revolución el mundo de la comunicación mediada por ordenador que trajeron a aquella pristina 'red de redes' millares de nuevos usuarios.
El denominador común evidente de todas estas primeras aplicaciones de Internet y de sus usos y funciones es, tal y como apuntábamos un poco más arriba, lúdico y emotivo. No cabe duda de que gran parte del éxito de Internet en los '90, el gran impacto social que supuso, las cifras espectacularmente crecientes de usuarios en todo el mundo, etc., se debe precisamente a ese perfil lúdico-emotivo de Internet.
La llegada de la World Wide Web comulgó de pleno con aquella Internet aún en pañales. A pesar del éxito actual de la WWW, cuando entre 1989 y 1991 se gestaron los formatos y protocolos de intercambio de las inminentes páginas web, nada hacía pensar que estábamos ante una "killer app", una aplicación que marcaría un antes y un después en la historia de la comunicación digital y, por ende, de la comunicación humana. Tanto la propuesta inicial de Tim Berners-Lee, por aquel entonces becario en el CERN suizo y actualmente al mando del influyente "World Wide Web Consortium" (W3C), como el primer documento para la WWW creado por Paul F. Kunz en diciembre de 1991 en los laboratorios del SLAC de Stanford, en los Estados Unidos no presagiaban lo que sus propias investigaciones y prototipos iban a traer.
El espaldarazo definitivo a aquellos experimentos iniciáticos fue el trabajo del joven Marc Andreesen, que en marzo de 1993 presentó un el primer navegador con soporte gráfico para la WWW. El célebre y adorado MOSAIC permitía a los ordenadores descifrar el confuso y poco atractivo barullo de comandos, etiquetas y símbolos que eran y siguen siendo las entrañas de las páginas web y presentarlas de un modo dinámico y sugerente. Sólo con aquel primer navegador y, ya después, con las primeras versiones de Netscape, sería posible pensar en un ciberespacio donde "hacer surf".
A finales de aquel mismo año ya existían medio millar de servidores web y el tráfico que generaban se situaba alrededor del 1% del total de la 'red de redes'. Sin embargo, sería 1994 el año de la explosión de Internet: al mismo tiempo que el propio Marc Andreesen lanzaba la primera versión de Netscape, los medios de comunicación comenzaron a hacerse eco de la nueva perla del mundo de la informática. Por primera vez, Internet desarrollaba un producto capaz de ocupar titulares periodísticos genéricos, dirigidos al gran público, puesto que la 'web' servía para todo tipo de usos, especialmente la búsqueda de información desde cualquier punto del globo. La apariencia de los navegadores era 'amistosa', se integraba perfectamente (¡quién lo iba a decir!) en los modelos de "escritorios virtuales" y "ventanas" que Microsoft empezaba a comercializar y que Macintosh (entre otras) llevaba algunos años utilizando. Nada de pantallas en DOS. Nada de oscuros códigos a descifrar. Color. Imágenes. Tipografías atractivas a la vista. La World Wide Web -todavía poco 'mundial' y poco 'ancha'- se presentaba al usuario como cercana, sencilla y… navegable. A finales de aquel año se contabilizaban alrededor de diez mil servidores web (un aumento del 2000%) y unos diez millones de usuarios. Hoy en día vamos camino de los cuarenta millones de servidores y se han superado los quinientos millones de usuarios, siete y medio de los cuales estamos en España. Indudablemente, una progresión meteórica.
Aquellos maravillosos años...
Resulta difícil hablar con algún usuario cuya experiencia con la WWW se remonte a aquel tumultuoso 1994 o a 1995 y que no tenga una perspectiva claramente nostálgica de aquella época. Una época en la que no saltaban 'pop-ups' publicitarios a cada golpe de ratón, los banners eran escasos y poco intrusivos y las páginas personales contenían la auténtica salsa de la WWW. En lugar de recopilar opiniones de personas diversas -pero a partir de éstas- lo que haremos a continuación es un breve esquema del ayer y el hoy de la práctica cotidiana de un usuario hipotético de Internet. Puesto que el "boom" de usuarios de Internet en España no se produjo hasta 1996, cogeremos aquel año como figura del ayer, aquel ayer en el que aprendíamos a 'hacer surf'. Retrocedamos, pues, a un 1996 aproximado e hipotético y veamos hasta qué punto podemos trazar nuestras propias líneas de fuga como internautas:
(1) La experiencia del navegante
Estamos en pleno 'boom' mediático. Mientras que Internet -confundida desde aquel entonces con la WWW- no deja de aparecer en múltiples referencias de medios de comunicación de todo tipo, todos tenemos tres o cuatro amigos/conocidos que "ya lo han hecho", ya han "surfeado" en la web. ¿Qué es 'surfear'? ¿Qué hacen "ahí"? Finalmente, capitulamos y permitimos que nos lo enseñen y resulta tan turbador como decepcionante, según quien lo mire. Sea quien sea el que nos ha "arrastrado" a Internet, es muy frecuente observar en él (porque preferentemente se tratada de un "él") una especie de fascinación extraña, que le impide apartar la vista del monitor mientras nos habla, intentando explicarnos lo que está haciendo. Puede que nos sorprenda especialmente el uso de los adverbios de lugar y las referencias al 'espacio' en que "nos encontramos". Ahora aquí, ahora allí… No nos hemos movido de las sillas (preferentemente de alguna dependencia universitaria), pero parece ser que hemos recorrido medio mundo. Ahora aquí, ahora allí… la magnitud a 'surfear' parece inasumible, las fronteras parecen no existir, o comunicarse entre sí, como en un océano esférico, sin límites y sin distancias. Yahoo! nos pregunta qué queremos buscar y de una primera página de vago y dudoso interés vamos saltando a otra, a otra y a otra más. Eso debe ser 'surfear'… vagar sin dirección alguna en ese océano sin principio ni fin, dejarse seducir por los 'links' que se suceden aquí y allí.
Internet es una experiencia. Algo nuevo y atractivo. Información de dimensiones oceánicas al alcance de cualquier usuario. Empezamos a experimentar con los periódicos on-line, con la información a la carta y a golpe de ratón. Cualquier hobbie, pasatiempo o filia humana parece ofrecer en Internet todo tipo de documentación añadida. ¿Qué fue lo primero que buscaste en Yahoo!? Las respuestas varían pero tienen un denominador común. Unos hablan de cierto grupo de música un tanto desconocido, o de las letras de alguna canción que siempre quisieron conocer. Otros recuerdan haber buscado y devorado toda la información disponible sobre su serie de televisión favorita, o sobre una película especial, o sobre un par de libros que sólo la Amazon ofrecía. Nadie lo reconoce, pero parece algo asumido que el erotismo y la pornografía en Internet fue uno de los primeros reclamos que "fidelizaron" a muchos usuarios noveles. Todo esto y un sinfín de posibles respuestas más. El factor común: prácticas lúdicas, ociosas… hobbies y pasatiempos, distracciones e intereses personales saciados por el nuevo océanos digital.
¿Recuerdas cómo navegabas? Casi nadie parece recordar que los viejos sistemas -los de hace cuatro o cinco años- no asimilaban demasiado bien el tener varias ventanas abiertas a la vez. Tampoco nosotros, los usuarios, estábamos aún entrenados en la práctica de la forma de documentación más habitual en Internet: la lectura en diagonal, superficial, sin detenerse. El tiempo en Internet era un bien escaso y preciado, lo que ha convertido a sus usuarios en aspiradores inquietos de información, sin apenas tiempo para la lectura lineal, reflexionada. No obstante, en aquellas pristinas primeras horas de 'surf digital', entre nuestras costumbres off-line y la reducida capacidad de los procesadores, parece ser que leíamos más despacio en Internet… Que incluso leíamos.
(2) La experiencia del webmáster
Quizá fuera por la poca experiencia que teníamos en dirigirnos a cualquier tipo de institución en su sede online, quizá fuera porque había muy pocas de ellas, lo cierto es que mucha gente parece recordar aquella WWW como algo poblado casi exclusivamente de páginas personales. Los espacios web servidos por las universidades y por las primeras empresas norteamericanas que, como Geocities, se dedicaban a dar espacio gratuito a los primeros webmásters, fueron, sin duda el caldo de cultivo de la gran mayoría de webmásters actuales, muchos de ellos enrolados ya en proyectos corporativos. En consonancia con lo que el público buscaba en Yahoo!, la proliferación de páginas web sobre todo tipo de hobbies e iniciativas personales tuvo un gran peso en aquellos años. Fotografías, letras de canciones, informaciones tan variadas como inverosímiles, perfiles personales, recursos y utilidades de muy diverso cuño, curiosidades sobre todo lo imaginable… pero, ¿cómo se hacían aquellas páginas?
Aquellos usuarios que provenían de entornos 'entendidos' y con vastos conocimientos de informática y de otros lenguajes de programación parecen guardarle un especial cariño al 'Notepad' o 'Bloc de notas', e incluso a algunos otros editores de texto absolutamente básicos que funcionaban sobre base DOS. Otros, seguramente con menos antecedentes técnicos pero con ganas de participar activamente de la efervescencia de la recién descubierta World Wide Web, se lanzaron a hacer sus primeras páginas web con la ayuda de algún editor asistido de HTML. De entre estos últimos, destacó la versión 3.0 del Netscape, su versión 'Gold', que incorporaba un 'Composer' que convertía la edición para la web en algo poco más difícil que el tecleo de un documento en cualquier procesador de texto. De hecho, con el Netscape Gold se crearon y publicaron muchísimos millares de páginas web en todo el mundo, cuyo estilo sencillo y plano todavía puede observarse a lo largo y ancho de la WWW.
El fin del principio
Si nos paramos a comparar los parámetros y los requisitos de navegación, creación o utilización/utilidad de una página web en 1996 con los actuales, es evidente que muchos cambios se han producido. La World Wide Web ha perdido algunos de sus "encantos fundacionales" y ya no es el espacio de uso primordialmente lúdico y emotivo que solía. También ha perdido el aura de novedad que la rodeaba, habiéndose vuelto algo cotidiano y habitual. Por otro lado, el nivel de potencia y calidad de las páginas web, sus criterios de usabilidad y navegabilidad, su flexibilidad e interactividad, han mejorado sensiblemente con la aparición de nuevos lenguajes y programas adaptados a la publicación en la web.
A pesar de que la crítica más extendida entre los usuarios apunta a la ya conocida 'comercialización' o 'privatización' de la WWW, resultaría extrañísimo que un ámbito comunicativo de la potencia y el éxito de Internet y la WWW no fuera, rápidamente, utilizada por el mundo empresarial y comercial donde hinca sus raíces. Si es el sistema económico capitalista y mercantil quien dio a luz la Internet, no sería demasiado lógico pensar que, una vez la criatura hubiera conseguido dar sus primeros pasos, ésta no evolucionaría a imagen y semejanza de todo su contexto. Mantegamos las perspectivas que hemos utilizado en el apartado anterior y continuemos con nuestro argumento:
Desde la perspectiva del usuario, Internet ha cambiado de un modo paulatino, casi imperceptible, sostenido… pero implacable. Poco a poco, los buscadores que ordenaban el marasmo de información se han ido convirtiendo en un concepto nuevo, los "portales". Y la aparición de los portales más o menos generalistas tuvo un efecto paradójico: a la vez que prometían poner a la disposición del sufrido y desorientado navegante todas las páginas web de la WWW perfectamente ordenadas, fueron incluyendo bajo su seno una gran magnitud de ofertas, servicios, "canales", etc., que aglutinaban, en sí mismos, gran parte de la información que el usuario pudiera andar buscando. De este modo, la 'búsqueda', en muchas ocasiones, ni siquiera llegaba a ejecutarse.
La paradoja del portal/motor de búsqueda radica precisamente en minimizar y alimentarse de esas búsquedas no realizadas, porque han conseguido captar la atención del usuario antes de que éste decidiera realizarla. Por supuesto, los servicios y contenidos proporcionados por el propio portal se amparan bajo una estrategia comercial absolutamente novedosa y suponen uno de los primeros negocios que Internet ha creado por sí misma. Y en consonancia con esta eficaz estrategia comercial, los portales no tardaron en ofrecer servicios 'premium' a las páginas web que quisieran aparecer en los lugares de privilegio de las búsquedas que a través de ellos se realizaran. El mecanismo, como decíamos, es paulatino, progresivo, pero inexorable: los grandes buscadores que, como 'Yahoo!' evolucionan a portales se convierten en una especie de centros comerciales digitales, donde todo es susceptible de generar una pequeña comisión. La comparación con un centro comercial de átomos y cemento no es accidental: el sistema de pago por alquiler de espacio -y sus criterios diferenciales según lo destacado y preponderante del lugar ocupado- y de cobro de comisiones de ventas es exactamente el mismo que hay tras cada centro comercial convencional.
Como consecuencia de ello, no obstante, han aparecido nuevos modelos de buscadores, que a una tecnología de rastreo y clasificación más depurada, aúnan limpieza de interfaz y limpieza de resultados. En gran medida, el éxito de la familia 'Google' radica en el hastío de muchos usuarios ante los portales de la familia 'Yahoo!'.
Más allá de los portales/buscadores, el usuario puede percibir en la evolución de la WWW una progresiva desaparición de la 'visibilidad' de las páginas personales. Poco a poco, éstas han dejado de ser las grandes protagonistas de la web de antaño (¡y qué curioso resulta aplicar el adjetivo "antaño" a una criatura de apenas diez años de edad!) para esconderse tras páginas corporativas profesionales, con más dedicación, inversión y posibilidades. Las páginas dedicadas a todo tipo de hobbie o pasatiempo seguramente siguen ahí, flotando en el océano ciberespacial, pero su representatividad en la WWW actual es menor. Algunos usuarios apuntan en una dirección que nos parece especiamente acertada: la web que nos deslumbró la utilizábamos para cualquier tipo de interés personal, casi siempre con fines ociosos; ahora, la WWW es un instrumento de trabajo y documentación. Una frase de un usuario sintetiza, en gran medida, nuestro argumento: "ya no navego; ahora sólo la utilizo para trabajar". Huelga decir que cuando un pasatiempo ocioso se parece demasiado al entorno o al instrumento laboral, su eficacia como distracción lúdica desaparece casi completamente.
En este sentido, no deja de ser ilustrativo y nada casual que hace unos días los titulares de los medios informativos especializados en Internet aparecieran clamando al unísono que el crecimiento de Internet en España se ha estancado, según la última oleada del EGM. Tampoco es difícil de entender la aparición, desde hace un par de años, de algunos movimientos en EEUU que pregonan el rechazo a Internet, en una especie de neo-luddismo basado en una evaluación perfectamente creíble de la actual Internet, mucho menos lúdica, mucho menos emotiva, mucho más comercial.
Desde la perspectiva del webmáster también se pueden apreciar cambios muy significativos. La situación que describíamos más arriba, donde se creaban páginas a base de editores de texto y del Composer de Netscape, se ha vuelto más compleja. Por supuesto, sigue existiendo la posibilidad de editar y publicar una página web sin demasiadas exigencias: el Notepad sigue disponible y Netscape sigue ofreciendo servicios de 'composición' en su navegador. Además, los portales y similares que ofrecen espacio web gratuito son más numerosos que algunos años atrás.
Sin embargo, todo esto que era más que suficiente en 1996 se ha convertido ahora en una opción secundaria. Para empezar, por el aparentemente imparable descenso del índice de uso y popularidad de Netscape, el gran navegador/editor HTML gratuito. Porque hay que destacar que, aunque muchos lo olviden, los programas de Microsoft no son gratuitos. La evolución lógica de crear una página web en el viejo Netscape Gold es crearla por medio de una conversión directa desde las últimas versiones del MS Word (una opción absolutamente abobinada por cualquier webmáster con mínimos conocimientos de HTML) o utilizar el Front Page, también de la todopoderosa Microsoft, también de muy sencilla utilización y también detestado por todo usuario mínimamente capaz en HTML. La clave aquí es que, a un nivel de creción web sencillo y al alcance de la mayoría, hemos pasado de programas gratuitos a programas de pago. Una evolución muy importante, a pesar de la gran cantidad de usuarios que utilizan software pirata de Microsoft. Y esto es así porque la importancia del cambio no radica en el pago monetario por el programa, sino en la transformación de los hábitos del usuario. Lo difícil para cualquier compañía de soft no es eliminar la piratería sino conseguir clientes fieles, aunque sea de programas pirateados. Eliminar la piratería informática puede ser algo imposible en esencia, pero con el mero hecho de dificultar el proceso de copiar los programas, optimizar el de adjudicación de claves, etc., los porcentajes de copias piratas descenderían substancialmente.
A un nivel de programación web un tanto más exigente, los últimos años han visto emerger una compañía cuyo dominio del mercado, salvando distancias, casi tan absoluto como lo es el de Microsoft al nivel de usuario básico. Macromedia ha conseguido hacer de su producto estrella, el DreamWeaver, el editor de HTML ineludible. La efectividad, usabilidad, potencia y excelente márketing del DreamWeaver de Macromedia lo han situado a ese nivel, en un contexto de programación web donde cada vez es más difícil editarlo todo desde un editor de HTML tradicional o desde un Notepad. Las nuevas versiones de los navegadores se distribuyen con rapidez y se convierten en cabeza de puente para la entrada de nuevas tecnologías en software. Y DreamWeaver, junto con todo el arsenal de productos Macromedia, es el editor mejor posicionado para aprovechar esas nuevas tecnologías integradas en las versiones 4.x y superiores de los navegadores.
Esto, no obstante, no se detiene aquí. Si hace algunos años las páginas web se vieron revolucionadas por la aparición de los lenguajes en JAVA y las aplicaciones en JavaScript -de formato más o menos gratuito-, actualmente el 'boom' procede de nuevos formatos de pago. Como podrán adivinar los lectores, la estrella actual de la WWW se llama Flash. Como sucede con el 'Reader' de Adobe Acrobat y con el plug-in de Shockwave, también de Macromedia, las animaciones creadas en Flash (o en Director, o los documentos PDF de Adobe) pueden ser descargadas y disfrutadas gratuitamente por los usuarios. No obstante, crear esos documentos y 'películas' es algo bien distinto que sí depende de programas de pago, cuyas licencias no son moco de pavo.
El nivel de competitividad de las páginas web es muy alto y no utilizar estos "avances" tecnológicos puede suponer un handicap demasiado pesado para cualquier página. El interfaz de navegación de una página en Flash es considerablemente más dinámico, rápido y atractivo que uno que haya sido creado con HTML. Así, mientras los webmásters de páginas personales difícilmente querrán o podrán permitirse las licencias de estos programas, las empresas se ven casi forzadas a utilizarlos, a riesgo de perder a sus usuarios por culpa de un "escaparate mal decorado". Y aunque el pirateo siga al orden del día, también en estos programas, a nadie escapa que resulta bastante más difícil encontrar software pirata de Macromedia o Adobe que de Microsoft. Si a eso añadimos que estas compañías sí realizan esfuerzos en "marcar" los documentos creados con su software, de modo que sea más fácil rastrear las versiones piratas, y que tienen departamentos enteros dedicados a la persecución de los usos comerciales y piratas de sus programas, no encontramos ante una vuelta de tuerca importante en el mundo de la creación de las páginas web.
Mención aparte merecen los servidores. Entramos aquí en una dimensión de interés más minoritario, pero que apunta exactamente en la misma dirección que lo hasta aquí descrito. Para no entrar en tecnicismos excesivos, diremos simplemente que el nivel de exigencia de los usuarios y la gran competencia que hay entre páginas web 'obligan' a éstas a proveerse de bases de datos dinámicas y otro tipo de recursos que poco o nada tienen que ver con la 'antigua' estructura de una página web tradicional. Bastaría echar un vistazo a las carpetas de un sitio web corporativo actualizado para darse cuenta de qué los documentos de tipo "HTM" son cada vez menos. Y como hemos afirmado, la dirección a la que apunta el mundo de los servidores va en paralelo a los anteriores: cada vez hay menos posibilidades de tener un servidor web que permita tener una página eficaz, dinámica y competitiva en un servidor gratuito.
A otro nivel está el mundo de la empresa, que se ha visto empujado a buscarse la vida en Internet, como consecuencia de una máxima cada vez más real: "no existir en Internet significa no existir". Desde hace un par de años, toda empresa que se precie -y no necesariamente ligada al mundo de las nuevas tecnologías ni intereseda directamente en la venta online- ha tenido que construirse su sitio web. Por supuesto, el nivel al que lo han hecho es desigual y en muchos casos ha significado pasar por dos o tres webs diferentes hasta dar con uno que diera la talla con el tipo de empresa que se quiere representar. Comparar una website con un escaparate es fácil y acertado, de modo que el mundo empresarial ha tenido que reciclarse y adquirir los servicios de informáticos y diseñadores, hacerse con dominios y lanzarse a un tipo de competitividad nueva y no necesariamente provechosa.
Como consecuencia de esto, la aparición de miles de nuevas webs de carácter empresarial y comercial, en muchos casos de escaso interés para gran cantidad de usuarios. Unas nuevas webs, además, construidas habitualmente utilizando los recursos de software más avanzados, colaborando así en la enésima vuelta de tuerca para dificultar la competitividad por el tráfico a las páginas personales, auténtico laberinto lúdico extremadamente diverso del que se compuso la WWW de mediados de los '90.
¿Surfear se va a acabar?
¿Hacia dónde apunta todo esto? Es evidente que desde nuestra humilde posición, poco podemos afirmar al respecto. No obstante, las líneas evolutivas marcan una dirección bastante clara que la tan cacareada crisis del sector no puede hacer sino apuntalar.
Internet como medio de comunicación, de presentación, como ciberespacio, no corre ningún peligro. A pesar de muchos titulares sensacionalistas y de la sonrisa sarcástica que gastan muchos de los detractores de que ha tenido durante los últimos años, Internet está aquí para quedarse. Y para crecer. El llamado "estallido de la burbuja" no es más que una crisis de crecimiento, una fase evolutiva de toda una tecnología una vez ha caído en manos de la sociedad y el sistema económico que lo circunda. De hecho, la 'dot com crash' no deja de ser otra vuelta de tuerca en dirección a una Internet cada vez más potente, más comercial, más corporativa y más competitiva. Todos los procesos que aquí tan sólo hemos podido esbozar dibujan bastante claramente un vector en esa dirección.
Sin embargo, algo se queda en el camino. Resulta difícil pensar que pudiera ser de otro modo. Los tiempos del "surf digital" se han acabado. "Navegar", como nos han señalado muchos usuarios, ha dejado de ser algo 'divertido', un pasatiempo, y ha pasado a ser una parte más de la jornada laboral… y no precisamente la parte más agradable o entretenida. Aunque es evidente que Internet (no sólo la WWW, sino Internet en un sentido amplio) va a seguir manteniendo grandes cantidades de espacios dedicados al ocio, el contacto y el esparcimiento personal -quizá, eso sí, cada vez más orientado al negocio- aquella Internet que podía asociarse directamente a este tipo de actividades parece tocar a su fin. La Internet de segunda década se presenta ante nosotros mucho más madura, profesionalizada, comercial y exigente. Mucho más útil, quizá, pero también menos entrañable. Y a pesar de que siempre queda un margen para la sorpresa, para el diseño independiente y para el vagar 'surfeando' sin destino, relajadamente, dejándose uno llevar por el caos de 'enlaces' que acaban por marcar el camino del navegante, lo que predomina en la actualidad ya es claramente otra cosa. ¿Malos tiempos para el surf? Echad la vista atrás y comparad vuestra "primera Internet" con la actual y discutámoslo… ¿acaso no estamos ante un medio interactivo?