Hablar, repetir, predecir La política como lenguaje de administración del poder se puede entender como expresión o discurso de lo que el poder hace circular como cierto y que dibuja un mapa de verdades verdaderas como diría Chomsky, de mentiras irrefutables, que se amplían y consolidan como ciertas en los territorios de los medios, de los círculos del poder económico y en no muy pocas ocasiones en las barricadas de las academias universitarias atrapadas entre las rejas de la erudición que ordena desde la trinchera de la cientificidad lo que debe hablarse, decirse, pensarse y hasta soñarse. Entonces, para no perdernos: la política también es lenguaje, o antes que todo es lenguaje Solo con el propósito de llegar a alguna precisión que facilite la comprensión: toda verdad verdadera o mentira irrefutable hace parte de un oleaje internacional de palabras que circulan con fuerza y que al hacerlo desde el centro a la periferia o desde el norte al sur orientan no solo los planes, políticas o proyectos sino que también transitan de la mano de los medios por la vida cotidiana de los habitantes de cada país, región o pueblo. El origen de esas palabras que inundan de sentidos la vida diaria es claro: los países del norte. La manera como esos lenguajes de dominio se estructuran también parece clara: las distintas academias, la tecnocracia, los políticos y los medios. La idea de la legitimidad de esos lenguajes, también es evidente: en la sociedad de la información todos los conceptos deben sustentarse o ser respaldados desde o por las comunidades científicas-técnicas o las de intelectuales, periodistas y columnistas. Es necesario identificar el origen para saber de que manera se puede trastocar lo que están diciendo. En todo caso, el lazo que une el pensamiento tecnocrático y el académico es el mismo lazo que creó y gestionó el pensamiento único, su validez e irrefutabilidad; es el mismo lazo que habría que desatar para dejar volar así, no solo la imaginación, desprestigiada en los eslóganes de la izquierda bendita, sino y sobre todo, dejar escapar el sentido común, preso entre reglas e intereses creados por y en las instituciones. Como podría decirse pensando en Bourdieu, “la vulgata planetaria” es hija del matrimonio entre los que lucharon por encontrar utilidad a lo que hacían, académicos e investigadores apasionados por la tecnología y aquellos que pensaron que la solución a los problemas de la sociedad debía encontrarse solo en el camino dibujado por la tecnologización y que intentan por todos lo medios edificar el gobierno de los técnicos: la tecnocracia. En una síntesis necesaria: La política como lenguaje no es solo el producto de la demagogia de los políticos, es también y principalmente, el producto de esa relación entre técnicos y académicos, seducidos por la idea de gobernar, de hacer política, de politizar su oficio a costa de la despolitización de la sociedad, del ciudadano. El lenguaje que emerge continuamente de esta relación inunda de sentidos no solo la política sino la vida misma. Desde allí se estructuran continuamente versiones de la vida distante, alejada de la vida comunitaria, distanciadas de las regiones, ensimismadas en su propia credibilidad. Las palabras que, luego de su parto, transitan por los medios y que proponen y alientan una forma de vida homogeneizante y única, son las que, por el camino de lo que Saramago llamaría “ un cierto automatismo verbal y mental” se extienden por todos los territorios y espacios de lo cotidiano y se constituyen en ciertas por ser de uso común, de conceptos mediáticos, de certezas publicas que provienen no de la opinión publica sino de lo que se llamo en alguna ocasión opinión publicada. Esta opinión publicada es hija de los mismos que empujan el carrusel del progreso de la mano del horizonte norteño, de la deuda externa, de la inversión extranjera y de las violencias y autoritarismo que alimenta la democracia global. Es, volviendo al punto de partida: el lenguaje del poder. Un lenguaje que en los momentos actuales es también el lenguaje de la transpolítica, del centro, de lo políticamente correcto. Es así mismo el lenguaje de la graduación, es decir el lenguaje que es necesario saber utilizar para entrar en el mundo laboral, el lenguaje que habla lo que el poder desea que le digan, con las mismas palabras, es cierto que varían en el tiempo y con las modas, pero, todos hablamos ahora de la gobernabilidad, gobernanza, dicen los mas avanzados, de la exclusión, de la identidad, de la fragmentación, de la nueva economía, de la flexibilidad, de la autorregulación, de la ciudadanía, de la sociedad civil, de la mundialización, de los bloques, de la emisión cero, de la producción limpia, del desarrollo sostenible, de la alimentación sana y claro de la cooperación, del 0,7 % y todas esas señales de humo que a manera de rizomas incontenibles nos inundan hoy de la misma manera que hablamos no hace mucho de los países de la cortina de hierro, del muro de Berlín, de la guerra fría, del crecimiento económico sostenido, del subdesarrollo etc. Ese es el lenguaje que se requiere para internarse en el mundo del éxito de la misma manera que se exige para la vida ciudadana diaria. Es tan común que debe ser hablado por el director del Pentágono o por el alcalde de cualquier pueblo de Extremadura o de los Andes colombianos. De esa manera es el lenguaje al que hay que resistir, aquel que presenta como cierto lo que solo es un conjunto de ordenes camufladas de verosimilitud. No es, como muchos argumentan, un lenguaje de moda sino un lenguaje de dominio y reducción. Las palabras transitan por los medios (libros, prensa, televisión, escuela, universidad) y resbalan hacia nosotros edificando su propio mundo y dando al nuestro el sentido de una nueva ficción. Son ellas partículas seductoras que establecen las pasarelas eficaces entre el político, el académico y técnico y el ciudadano atrapado en redes mediáticas difíciles de subvertir: imposible de hacerlo. Ni la ficción de la W. 2.0, ni las comunidades virtuales de éxito Facebook, entre otras, ni la digitalización de vida, ni la paradójica Second Life sirven para darnos la libertad soñada, solo son útiles para hacer de nosotros avatares, zombies que caminan entre redes en donde lo único real es el poder. Poder inamovible nacido en las entrañas mismas del monstruo que escupe palabras, palabras, palabras. La plataforma está hecha de palabras, la red es una palabra, en últimas un símbolo W que domina y mas allá de todo también es la magia articulante de lo virtual lo que hace ganar al monstruo una mayor eficacia. Un monstruo risueño que sabe que la locuacidad, la versatilidad es una de las más sutiles armas de dominio. La red es así magia (dema magia, dema gogia) que seduce y en trampa no tanto como el ya desabrido agujero negro que todo lo desaparece; es su contrario, su antónimo: allí todo esta, todo aparece, allí encuentras hasta el mas esquivo de los agujeros negros y la mas brillante de la estrellas. Ella es universo total y, en tanto eso, es dominio total. Es el viejo Todo (no topo) dotado del mas poderoso de los elixires: la ficción, la virtualización convertida en ocio contra el enemigo de la vida: el aburrimiento. Grandes riadas de palabras que inundan de igual forma los diarios y los planes de gobierno, los planes de estudios y los noticieros de televisión, los grandes encuentros mundiales y los pactos multilaterales. Es un lenguaje político y la política hecha lenguaje. Es la trastocación de los sentidos en beneficio de los intereses de los que ejercen el poder, los poderes: las grandes multinacionales, los organismo multilaterales, la banca internacional, el Pentágono, la OTAN. Es el discurso que exige sumisión lingüística porque detrás de ella esta la sumisión económico política. Si hablamos de lo mismo y con las mismas palabras es porque somos lo mismo, pensamos lo mismo y deseamos lo mismo. Sobre ese mar de conceptos esta construyéndose el ideal político de principios de milenio. Conceptos que, como decía con anterioridad, son la base que sustenta el edificio neo liberal, neo conservador y neo social demócrata actuales. Son ideas fuerzas, palabras claves que permiten identificar no sólo de que se esta hablando sino también quien esta haciéndolo. La palabra dotada de poder y circulada de manera publicitaria hasta la saciedad, irradiada a velocidades de encantamiento construye los espejismos para ver lo que no hay, tener lo que no existe, degustar lo que no sabe, oír el silencio, palpar lo intocable, La red es la abundancia de palabras y ficciones y es así la abundancia total y la posibilidad de tenerlo todo: La mujer que deseas, el dialogo que necesitas, la mirada que ansias, la comunidad que buscabas, la sabiduría perdida. La sensación esquizoide de nunca estar solo. Allí esta ella. Es el mundo de los deseos convertido en realidad. La varita mágica que te da todo, que no solo promete sino que entrega. Regala todo sin pedir nada, sin exigir nada, sin obligar a nada, sin desperdiciar nada. Icono supremo de la generosidad, la bondad, la ubicuidad. Paraíso en donde la escasez no existe. Lugar de lucha sin heridos y sin muerte. Tu Mouse, ratón travestido en hada madrina y manipulado por el monstruo que vende, sin costo, ahora lo que todos buscábamos: la felicidad. El precio es diminuto, casi nada: tu tiempo. El tiempo para amar, el tiempo para acariciar, el tiempo para luchar. Lo que aquel monstruo quería lo ha logrado: ya no tienes tiempo. Te queda el tiempo para hablar y repetir lo que el quería. Lo que es nombrado como irrefutable. La verdad: Su verdad creadora de la ficción mas científica que haya inundado el planeta humano. La red es, desde esta óptica, uno de los caminos más grandes de polución del lenguaje, que es a su vez, una de las maneras mas eficientes para crear la confusión necesaria para la postergación de cualquier idea revolucionaria. Los optimistas afirman que allí es donde se esta produciendo la verdadera revolución, los escépticos estaríamos a la espera, creemos que estamos en el comienzo de algo que puede tener las mismas dimensiones de la creación del automóvil. Tampoco estamos seguros que parte de nuestra "animalidad" saltara en el momento menos esperado desde el poder y utilizara para su bien las ventajas del invento. Por ahora diría que detrás de la eficacia de la red esta la mayor circulación, jamás pensada de las ideas dominantes y en continua renovación. La virtualización de la comunicación avanza de la mano de una penetración abrumadora de un neo lenguaje que, agazapado en la caverna de la digitalización, anglosifica la vida diaria de términos supuestamente intraducibles en los que se ahogan los nuevos náufragos ciber espaciales. La idea de un lenguaje que escapa de las galaxias internetianas e ingresa en la atmósfera del hogar a imponer diferencias entre hijos y padres, entre mayores y menores, entre hombre y mujeres es esparcida como polvo mágico, polvo de estrella que en forma de huracán toca el timbre de nuestras puertas. No las abramos. La palabra falacia, la palabra virtual izada y la resistencia lingüística Algunas palabras o conceptos que monopolizan la mente y que uso para hacer mas simple lo que digo: si la globalización fue el concepto que mas se ha empujado en los últimos años es por que el problema real que habría que atender con urgencia era el de la localización, si nos dicen que el asunto clave de la economía es el ajuste fiscal es porque el fundamental es la deuda externa, si de lo que estamos hablando es de la fumigación es porque la solución esta por los lados de la legalización, si nos dicen que en la inversión extranjera está la clave para el desarrollo y el mercado internacional y la competitividad son la respuesta a la pobreza es porque la salida esta por los lados de los mercados locales o la economía local, si nos plantean que la solución es el desarrollo sostenible basado en el ambientalismo es porque donde tenemos que mirar es en el socialismo ecologista radical, en fin, si la idea mas fuerte y eje de todo acción humana es el capital, la productividad, la rentabilidad es porque lo importante realmente es el trabajo, la actividad humana, el oficio, la colectividad. Si otra de las falacias del siglo que termino y del que empieza es la irreversibilidad y velocidad de los acontecimientos globalizantes a lo que seguramente tenemos que poner mas atención es a la lentitud y la revolución de las formas de vida impulsadas por el interés comunitario, barrial, vecinal y finalmente para no agotar el mar de los conceptos falsos, si nos dicen en este país y en tantos otros que el problema es la reforma política es muy posible que sea para detener lo que se esta produciendo y que prefiero entender como la revolución de la ciudadanía, o la insurrección armoniosa. Y así la reflexión me ha conducido a proponer como fuente de las transformaciones para la política la resistencia lingüística: Pero no se trata, por lo menos desde mi punto de vista, de afinar la verdad sustentada en lo científico, vieja ambición que debería ser superada, sino oponer resistencias a los sustentada solo en lo útil, que camuflada de manera eficaz en la tecnología avanza abriendo cada vez mas la brecha entre los ricos y los pobres, entre el norte y el sur. Es posible que una de las salidas esté en volver al mensaje en las botellas para poder rescatar no solo el sentido de lo que las palabras nombran, sino también para oír con atención las voz del naufrago que llevamos dentro. Sigue siendo una obligación intelectual interrogar de manera critica la llamada epidemia neoliberal, o neo conservadora o neo social demócrata o neo cristiana que inundó el planeta y que promueve hasta la saciedad un lenguaje único, un pensamiento único que trastoca y confunde e impulsa sentidos supuestamente humanos y políticamente democráticos y correctos. Dice José Manuel Laredo cómo Orwell “predijo la posibilidad de que llegara a hacerse familiar una forma lingüística como la que estamos presenciando en estos tiempos, en la que un partido que trabajara a favor del capitalismo se llamara socialista, en la que un gobierno despótico se llamara democrático y en la que unas elecciones dirigidas se llamaran libres”. Retrato preciso de lo que sucede y que por el río fugaz de la red nos llega como aviso poco luminoso de lo que en general sucede. Pero descifrar el jeroglífico lingüístico no es solo tarea crítica desde la academia, sino que exige una épica de la comunicación cotidiana, diaria que revolucione lo que se propone y se dice. Una resistencia lingüística que oponga a la sensatez tecnocrática y al utilitarismo económico de las necesidades creadas, la versatilidad de los deseos humanos y simples de la vida buena, de la vida tranquila, sin contrincantes que derrotar, sin enemigos que vencer, del sentido común. Si aceptamos solo como punto de partida y estrategia la resistencia lingüística, entonces estaríamos sobrevolando el mundo de los medios y la mediación que ellos hacen con la vida política. Estaríamos enfrentados a una realidad contundente: la construcción de medios alternativos o, aun mas allá, una comunicación alternativa que rompa las olas de ese maremagnum verbal al que somos sometidos y que poluciona la vida. Pero la trampa de los medios alternativos parece haber sido diseñada por los sagaces duendes de la mediatización de la vida. Ellos mismo crearon con el concepto la idea de medios que orienten desde lo marginal o alternativo la guetizacion o grupusculizacion de los movimientos en una galaxia infinita de ONGs que se revientan buscando con las mismas estrategias del capital o en las arcas del tesoro escondido, subsistir en el mercado del altruismo o las filantropías del Estado y de las mega organizaciones embadurnadas con el cuento de la responsabilidad social. Entonces estaríamos hablando de varias cosas: por un lado de la resistencia lingüística como estrategia de insumisión, por otro la creación continua de formas de comunicación alternativas en todos los espacios cotidianos, sobre todo, escuela, familia, universidad, trabajo, y por ultimo la creación de medios radical alternativos. Valga la advertencia: no todos los medios alternativos son formas de comunicación alternativa de la misma manera que no todos los pequeños diarios son opuestos a los grandes diarios. Si, la comunicación alternativa, es mas, muchísimo mas, que la organización de un medio que se opone al establecimiento, mas que una actitud mediática o de critica a una política o a los políticos, es el proceso de creación y reconocimiento de formas de comunicarnos, de relacionarnos por encima de los lenguajes que circulan en los medios, en las instituciones, en las campañas, en los planes y en este momento en la multiplicidad de ongs o movimientos supuestamente alternativos que divulgan con tanta eficacia como la de los medios ideas que en apariencia son distintas pero que no dejan de ser en muchos casos la forma alternativa de irradiar no solo los dictados del imperio, como diríamos antes, sino y especialmente formas de vida, de pensar, de actuar que entroncan con los principios mas arraigados del individualismo y egoísmos actuales. Al interior de ese movimiento amorfo, desideologizado y despolitizado en el que se están convirtiendo las organizaciones no gubernamentales se estructuran poderes y dominios que son calco idéntico de la manera como se manejan las cosas en el poder que supuestamente cuestionan. Ellas se estructuran por sectores tal y como es el mandato, hablan el lenguaje preciso para no ser descartadas con los beneficios económicos del estado financiador, el mismo que reemplazó el estado benefactor, estructuran proyectos de acuerdo con las políticas y exigencias de los distintos fondos y tal vez lo mas dramático es que han hecho dominante la idea de que ellas son la alternativa a las responsabilidades del estado. En el trasfondo el lenguaje sigue siendo el mismo, pero estas organizaciones, no todas, son solo los tentáculos plurales y diversos, como se dice ahora, del monstruo que irradia ideas de libertad individual por los poros y asfixia las ideas revolucionarias con su lenguaje de los cambios, de las velocidades, de las mutaciones, de la irreversibilidad. No es arriesgado afirmar, por lo menos en el caso colombiano, que lo que se llama organizaciones no gubernamentales son, aunque parezca una paradoja, medios que transmiten con eficiencia las ideas que van surgiendo de los famosos thing thank del norte. La vuelta que he dado de la mano de los ONGs era solo para advertir que no solo los medios hablan, repican o son caja de resonancia de los poderes, muchas organizaciones de este tipo son para decirlo en una imagen: la ninfa eco que fue condenada a repetir la ultima de la palabras, en el caso del que hablo, la palabra de moda, aquella que sirve para removerlo todo para dejarlo como estaba: eso es el ambientalismo nacido en las entrañas del capital, eso es el antifinancierismo de Attac, eso es el seudo pacifismo que neutraliza a los movimientos antiglobalizacion, esos son los medios alternativos que representan el cambio y no la revolución. Me olvidaba, la palabra revolución ha hecho su propio tránsito y ahora la única revolución posible es la revolución de las comunicaciones y su líder natural, claro, es la red.
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