INTRODUCCIÓN / RESUMEN
La intención del presente artículo es presentar cómo los avances en el nuevo patrón de producción y difusión de conocimientos de la sociedad presente, ejemplificado en Internet, pueden influir en la reconceptualización de las ciencias humanas y en especial de la Historia Actual.
Se analizarán los puntos de convergencia y divergencia de la práctica de la Historia Actual con los nuevos paradigmas intelectuales de la “tercera cultura”, y la posibilidad de que desde la filosofía y organización de Internet se imponga un nuevo modelo de realización de los estudios humanísticos. Los rasgos principales de la sociedad informacional serán puestos en común con las nuevas fuentes, métodos y teorías de la Historia Actual.
Introducción
La explosiva incursión de Internet en nuestra sociedad está transformando nuestra forma de comunicarnos y de explorar nuestro entorno. A partir del estudio de la cibersociedad y en general de la Revolución Científica-Tecnológica, se presentará el proceso de consilience (según la expresión de E. O. Wilson) y cuánto de éxito y de fracaso éste ha tenido a la hora de buscar una unidad del conocimiento, un acercamiento entre las ciencias naturales y las ciencias humanas. Para ello, se evaluará la relación entre el abanderado de las nuevas tecnologías, Internet, y el que lo fue de las ciencias humanas durante su primera expansión a mediados del siglo XIX, la Historia (en concreto, la Historia Actual como corriente de renovación de estos estudios). Los puntos a tratar en el texto por tanto, serán: sociedad informacional y cibersociedad; "la tercera cultura" y la consilience; origen, teoría y práctica de la Historia Actual y finalmente, síntesis de la posible simbiosis entre las nuevas tecnologías y la Historia Actual.
1. La tercera cultura
Cuando C. P. Snow pronunció la Rede Lecture (1959) en la universidad de Cambridge, su término "las dos culturas" (1), además de hacer fortuna tanto en los medios académicos como entre el público no especializado, fue capaz de describir con profunda exactitud la relación que existía en aquellos momentos entre las ciencias naturales y las humanas. Las primeras reclamaban todo el reconocimiento de la sociedad y el prestigio de premios y atenciones públicas. La ciencia sólo podía ser lo único reseñable en periódicos y discursos presidenciales (2). Por su parte, las ciencias humanas se apropiaron del término "intelectual", de tal forma que sólo las personas de letras podían estar investidas del manto de dignidad y respeto que el título confería.
En suma, una situación de plena incomunicación y enfrentamiento. El acervo humanístico clásico, que había consistido en una mezcla de conocimientos tanto de la naturaleza física como humana, se abandonó en beneficio de la especialización y por la propia dinámica interna de ambos campos del conocimiento. La seguridad y ambiciones de las ciencias naturales contrastaban con la incertidumbre y dudas de las ciencias humanas, de tal forma que ambas se concentraron alrededor de sus puntos fuertes y desdeñaron las posibilidades de entendimiento con la otra.
Sin embargo, el propio Snow revisó sus planteamientos iniciales y planteó la posibilidad de que surgiera una "tercera cultura" que tendiese de nuevo los puentes de entendimiento y colaboración entre ambas caras del saber. De hecho, la división entre ciencias y letras, por así decirlo, no había sido respetada. Einstein o Heisenberg se ganaron con sus trabajos y opiniones sobre el mundo la fama de plenos intelectuales que no se encerraban en sus castillos de marfil, y las ciencias humanas (en especial la antropología o la economía), miraron a los avances en matemáticas, física, biología… como guía y orientación para la renovación de sus esquemas investigadores tradicionales.
Esta tercera cultura ha eclosionado con especial fuerza en la Norteamérica de las dos últimas décadas. El intelectual clásico (3), alejado de las discusiones que sobre Internet, inteligencia artificial, economía del hidrógeno, lógica difusa y redes neuronales, genética y biotecnología… no sabe encontrar su sitio cuando tiene delante de sí a libros que son el fruto de unos adelantos científicos y tecnológicos extraordinariamente complejos, que resultan de experimentos interdisciplinarios de indudable valor social y carga ética (origen de la vida, existencia de Dios y del alma, sentido del universo) y que son además éxito de ventas (4).
Las ciencias naturales no han llegado a una crisis de objetivos y metas que cumplir (5). Ésta no es la razón de su creciente interés por las materias que han sido tradicionalmente detentadas por las ciencias sociales y en concreto y para el tema de este artículo. Fenómenos tales como las revoluciones, el surgimiento y caídas de las civilizaciones, crisis económicas… son analizados siguiendo modelos teóricos extraídos de la teoría general de sistemas, la ciencia de la complejidad (6), la teoría de catástrofes… Y estos estudios son realizados no por historiadores, politólogos o economistas, sino por matemáticos, biólogos genetistas…
El por qué de esta deriva de las ciencias naturales puede explicarse primero, en el renovado interés que en el ser humano y su historia tiene el mundo del siglo XXI. Como dijo el premio Nobel de medicina François Jacob, si el siglo XX estuvo centrado en el átomo y en las combinaciones del ácido nucleico, el siglo XXI estaría abocado a tratar el problema de la gestión de la memoria y de la historia. Razones políticas (nacionalismos), filosóficas (posmodernismo), socio-económicas (capital humano) (7) se combinan para conseguir este efecto.
Pero otra razón de igual fuerza que la primera mencionada es la del "hechizo jónico". Esta expresión, acuñada por el historiador de la física Gerard Holton, hace referencia a la seducción que ejerce en la ciencia de poder explicar la realidad a través de una serie de leyes sencillas y de escaso número. Para tal fin, la superación de las barreras entre las ciencias humanas y naturales es necesaria. Ha de producirse un proceso de consilience (8), un "saltar juntos" por parte de ambos campos del conocimiento para lograr una comprensión plena y profunda de la realidad.
2. La sociedad informacional
Abundando en las razones que da Manuel Castells para explicar el por qué de este término y no el más conocido de sociedad de la información, empezaremos explicando las características centrales de esta nueva sociedad para luego abordar sus relaciones con la Historia Actual y cómo las nuevas exigencias tecnológicas pueden llegar a alterar su forma y naturaleza de trabajo:
- Abundando en las razones que da Manuel Castells (9) para explicar el por qué de este término y no el más conocido de sociedad de la información, empezaremos explicando las características centrales de esta nueva sociedad para luego abordar sus relaciones con la Historia Actual y cómo las nuevas exigencias tecnológicas pueden llegar a alterar su forma y naturaleza de trabajo:
- Es una sociedad basada en la información y el conocimiento gestionados por las nuevas tecnologías. Tecnologías que se aplican sobre el conocimiento y no al revés como en las anteriores revoluciones científicas (10).
- Es una sociedad de "tiempo atemporal" (11). Los ritmos del tiempo vital y cósmico, la percepción del medio y por tanto de la realidad han sido alterados. Recordemos la advertencia kantiana de que nuestra concepción del medio depende del instrumento con el que lo registremos. Y cada vez más, en nuestros días, es el "mundo digital" (12) el que se va imponiendo como modo de concebir la realidad.
- El territorio y el espacio geográfico van cediendo su importancia a los nuevos mapas de la realidad virtual. La geopolítica parece ser sustituida por la geoeconomía (13). Los recursos naturales son desplazados por los recursos de la formación, la creatividad y el talento. El petróleo de la nueva economía es el conocimiento.
- La economía de escala, en palabras de Galbraith, va siendo sustituida por la economía de la intensidad. La rapidez y la ingravidez de los flujos de información y economía están cambiando los modos de acción y respuesta en las distintas esferas de la acción humana.
- Aunque esté cortada por el patrón ideológico neoliberal, necesita del apoyo sustentador de las organizaciones estatales y de la planificación. La prospectiva se convierte así en una palabra, una disciplina y una realidad recurrente en los medios económicos, políticos, científicos, militares...
- La identidad, sobre todo la individual, se disgrega y pierde fuerza. Es el tiempo de la personalidad "proteica", la personalidad que se dispersa en las comunidades virtuales, en los chats y DMUs. Es además una individualidad que lejos de la potenciación del pensamiento lineal, crítico y dialéctico proporcionada por la cultura escrita, pierde, según algunos autores, esta cualidad y se orienta por criterios más globales, sincrónicos y sistémicos.
- Las nuevas tecnologías son flexibles y abarcan mayor número de aspectos de la vida humana. La circularidad, la perspectiva sistémica, es su modelo. La interconexión, el efecto-R (a mayor número de relaciones, mayor número de "beneficios") apuntalan sus esquemas conceptuales.
- Convergencia y complejidad son los objetivos inmediatos de la revolución científica-tecnológica, núcleo de la sociedad informacional. Convergencia pues se busca la unificación de intereses, los puntos de contacto... entre diversas disciplinas. Por ejemplo, la informática y la biología, centradas en hallar sistemas de adquisición, almacenamiento de energía, autorreproducción, percepción e interacción con el medio... Y complejidad ya que, tomando como modelo la estructura de la tecnología informática, se quiere hallar un orden común tanto en la naturaleza como en la sociedad, reconociendo que la base matemática de la realidad, su carácter autorregulador y su escala progresiva de complejidad a partir de unidades más sencillas lo permiten.
- "Revolución de las capacidades" (la skills revolution de J. N. Rosenau) (14). El individuo es más consciente de su situación, intereses y objetivos ya que tiene la información y la formación que le permiten analizar con mayor profundidad su realidad circundante. Nos encontramos ante un sistema social y económico en el que se valora más el capital (financiero pero también el humano y el intagible) y el talento que una capacidad de laboral intensiva. Se busca una fuerza de trabajo cualificada e imaginativa. Y esta revolución se ha producido en tres niveles: el analítico, el emotivo y el imaginario. Intentamos comprender, sentir y recrear lo que pasa en el mundo como no habíamos hecho antes. Y esto es posible gracias a que la "Revolución de la Información" (Information Revolution) ha convertido lo remoto, secuencial y lineal en próximo, simultáneo y no lineal, según Rosenau (15).
- Organización en red, virtual y sinérgica. Los modelos de estructuras jerárquicas, rígidas y verticales son reemplazados por otros donde hay mayor flexibilidad, horizontalidad y una mayor comunicación entre los puestos directivos y de base.
- Política de "just in time". El management moderno propone un sistema de producción especializado, adaptado a las circunstancias individuales de cada sector y cliente, que no responde a los viejos rasgos de fabricación en serie y que sobre todo llegue justo a tiempo a los clientes, evitando esperas inútiles y el derroche de gastos de mantenimiento y conservación. Es además una filosofía que sigue dos ideas principales: el "hábito de ir mejorando" y la "eliminación del derroche" (16).
- Potenciación del recurso humano. El gran despliegue de tecnologías, los nuevos hábitos de vida (17) y la progresiva reducción del Welfare State, convierten a cada ser humano por su proceso de formación, preferencias vitales y contexto socio-económico en un proyecto altamente costoso que ha de ser bien cuidado. Esto conlleva además a que sea un fenómeno que no se prodigue demasiado, al menos en las sociedades postmodernas y por tanto, logre crear un sentimiento y una necesidad de cuidar su supervivencia hasta extremos anteriormente desconocidos.
- Surgimiento e importancia de la noosfera (18) y de la noopolitik. La información siempre ha sido importante. Pero su relevancia en el mundo de hoy es desconocida para el resto de la historia humana. Las razones de ello (19) se podrían sintetizar en el impacto de las nuevas tecnologías, la proliferación de organizaciones y agentes sociales y el reconocimiento de que el poder y la información están entrelazados ("poder blando" o soft power) (20). Hay que aclarar que noosfera no es sinónimo de ciberespacio e infoespacio. Esto hace que las teorías de la escuela realista y neo-realista (partidarias de la realpolitik) sobre el sistema internacional, que presentan una realidad mundial estatocéntrica, anárquica y conflictiva, donde el "poder duro" o hard power (la fuerza bruta del enfrentamiento militar o económico) es la solución preferente a todos los problemas se vean apartadas por la noopolitik, que ofrece un mundo no estatocéntrico, con mayor espacio para la cooperación y la armonía y que tiene en el soft power una herramienta fundamental (21).
3. La Historia Actual en la era de la información
A continuación se describirán algunas de las principales características de la historia actual que se corresponden con los rasgos predominantes del esquema cognoscitivo de la sociedad de la información.
La historia actual es cronología y algo más
Una generación, una historia. El saber acumulativo de la historia se une al derecho y a la necesidad de cada generación de reivindicar una historia específica que refleje sus anhelos, sus inquietudes (22)... Así la historia actual (o del Tiempo Presente) se interpretaría como la historia que abarcaría, por decirlo en una expresión sencilla y llana, la vida de un hombre.
Pero ahora bien, ¿qué historia? Porque el espesor de toda actividad investigadora va a depender de la ambición intelectual de quienes la practiquen. Heródoto hizo historia actual pero ¿hasta qué punto puede ser comparable a la de Tucídides? La respuesta dada a esta cuestión era que la diferenciación estribaba no solamente en cuestiones de método. La rigurosidad de Tucídides quizás no sería tan destacable, si no se hubiera marcado objetivo tan sugerente como imprescindible para los hombres y mujeres que vivieron aquel conflicto. Y como ejemplo de ello, Tucídides tal y como demuestra en su "arqueología" ve en el pasado distante y remoto una suerte de presencia en lo actual que es una de las mejores muestras de ese espíritu intelectual que va en contra de "las murallas chinas" historiográficas, según expresión de Barrington Moore.
Esto aplicado en el mundo de hoy sería comparable a la experiencia de cualquier turista en Israel. Todo viaje al estado hebreo suele estar acompañado de una visita a los restos de la fortaleza de Masada. Esta "Numancia" judía reviste para el israelí del 2003 una importancia emocional tal que explica esfuerzos ingentes como el de revivir una lengua como el hebreo clásico. Algo comparable a la Numancia y Sagunto de la España de la segunda mitad del siglo XIX, símbolos de unidad nacional y lugares comunes del discurso político. Lo mismo puede decirse de Pedro el Grande para la Rusia de Gorbachov y de la era post-soviética.
El caso es que esto revela la necesidad de considerar la historia actual como un punto de partida, un enfoque, que haga confluir en el presente todos los lazos que posibilitan la explicación de un fenómeno, de un acontecimiento, de un mundo tal y como lo conocemos... Es decir, 1973 es también 1947. Si la era de la información (23) cristalizó en la década de los setenta es porque en 1947 se inventó el transistor. Pero también es finales del siglo XIX, con los avances en fuentes de energía, física y biología.
Por supuesto que también todo lo dicho en el párrafo anterior puede interpretarse como que el pasado no existe más que en función del presente, y viceversa. Como ejemplo podríamos tener a George Duby y su Domingo de Bouvines (24). Aquí vemos a partir del relato de un hecho, de un acontecimiento, cómo éste se transforma a lo largo de los siglos de la historia de Francia en un símbolo, en un arma ideológica que ayuda a conformar variada suerte de discursos. Esto curiosamente demuestra la paradoja de que no necesariamente larga duración y evento han de estar enfrentados. El hecho, la espuma de las fuerzas profundas, es como la radiación de una supernova, brillante y de corta duración pero que ayuda al astrofísico a reconstruir el periplo de su larga vida.
Lo dicho hasta ahora engarza en una sociedad que admite el discurso economicista como parte integral de su sistema de percepción de la realidad. Y en este discurso, el término "renta de situación" adquiere una importancia notoria. Este concepto en pocas palabras se puede resumir en que a mayor éxito, mayor avance y a mayor fracaso, mayor retroceso. Es un círculo vicioso, un sistema de retroalimentación. Por tanto, la importancia de la gestión del pasado y sus réditos es considerado por nuestro mundo como una de las palancas de acción preferidas, al determinar el status de partida, el crédito con que se cuenta. Hoy el discurso de crecimiento y avance lo impregna todo y como señala Nisbet: "el respeto y la aceptación del pasado son vitales para la teoría del progreso" (25). Entonces, se plantea de forma radical y urgente la necesidad del conocimiento del "presente extendido", no sólo por las exigencias psicológicas sino ideológicas de la sociedad en que vivimos.
La historia actual y las nuevas tecnologías
Marshall McLuhan vaticinó como consecuencia de la revolución en las comunicaciones, el que nuestra visión del mundo, las categorías con las que lo analizamos y clasificamos, iban a verse sustancialmente alteradas por el avance tecnológico (26). En cierta forma, recordaba el precepto kantiano de que nuestra concepción de la realidad depende del instrumento y sentido con el que la registramos.
Ahora todo esto ha cambiado. Es necesario que la historia actual, por sus intenciones y reciente existencia, sea la abanderada de la lucha contra la tiranía de la fuente documental. Hoy en día, salvo honrosas excepciones, se suele trabajar con una metodología del siglo XX, con técnicas e instrumentos del siglo XIX (a excepción del procesador de textos y los programas de bases de datos) en pleno siglo XXI.
El universo cibernético y digital que no se aproxima (27), sino que ya está aquí, va a suponer un giro copernicano para la comprensión del hombre en el tiempo. Ahora es la red quien va a dictar desde su modelo cognitivo (28) e influencia social, los parámetros de la organización del trabajo historiográfico y la teorización acerca del mismo.
Tomemos como ejemplo las fascinantes indicaciones de Mercedes Vilanova sobre memoria e historia actual. Ahora recordemos cómo la memoria, en su primario aspecto de retención de recuerdos, se asemejaba en los manuales mnemotécnicos medievales con la estructura de la catedral: primera selecciona los cimientos de la construcción intelectual que deseas almacenar, luego diseña la planta central, ahí estarán los pórticos, ahí las capillas laterales... Es tendencia humana buscar lo semejante, lo próximo... y la Europa de las catedrales se forjó también en los espacios de la memoria. Víctor Hugo, en su Nuestra Señora de París, relata la escena de un clérigo que ante un libro recién salido de la imprenta dice: "esto (el libro) destruirá aquello (la catedral)". Puede interpretarse como una asimilación de difusión cultural a anticlericalismo; pero también al hecho de que el nacimiento de la galaxia Guttenberg cambió los sistemas de almacenamiento y tratamiento de la información que desde la caída de Roma, venían siendo utilizados en el espacio europeo cristiano.
En plena era de información, ¿qué estructura tenemos como modelo para la organización de la memoria y el ejercicio intelectual? Siguiendo a Castells, una indefinida figura: un espacio de flujos (29) que aunque contaría con unos nódulos centrales, difusores de información, se extendería sinuosamente por toda la red digital.
Por ello, la historia actual ha de emprender un camino que entremezcle la teorización con la investigación empírica bajo el marco de estas nuevas tecnologías. El ingente volumen de información que amenaza con aplastarnos bajo su peso, tendrá que ser tratado con la herramienta de la informática. Pero sobre todo con las herramientas de la inteligencia humana. De ahí que para empezar las comunicaciones tengan que ser una de nuestras aliadas. La creación de comunidades virtuales, donde se integren grupos de trabajo y supongan auténticos mercados, foros de debate e ideas, supondrán el inicio de una estructura reticular de la actividad investigadora.
Pero no significa, como ya se dijo, el uso de las nuevas tecnologías como meras herramientas para la actividad investigadora. Han de constituirse como objetos de estudio de pleno derecho. En ellas tenemos un espacio común entre los intereses socioeconómicos y los nuevos factores culturales. Trabajos como los de Mario P. Díaz Barrado son novedosos en cuanto que revelan la humanización de la tecnología, de la maquinización. En una original e interesante intervención de Antonio Rodríguez de las Heras (30) se proponía el juego de sustituir a los factótums de la Conferencia de Yalta por los pioneros de distintos campos de la investigación científica: Alan Turing, Werner Von Braun y Vannevar Bush.
Ahora, tomándolos como ejemplo de lo anteriormente dicho, se podría decir de Alan Turing que, a pesar de ser un héroe al que Gran Bretaña y en general el bando aliado le debió la victoria en la Segunda Guerra Mundial, se suicidó tras pasar por la cárcel a causa de su homosexualidad; de Werner Von Braun que simboliza el uso de nazis o de personajes de regímenes autoritarios, por diversos países tras la guerra; y del programa nuclear estadounidense impulsado por Vannebar Bush, que tras las persecuciones sufridas por Oppenheimer y la ejecución del matrimonio Rosenberg, fue una buena muestra de la instrumentalización de la actividad científica por los poderes públicos o privados.
La historia actual recoge en su esencia de hija de la era digital, el hecho de la presencia del binomio ciencia-sociedad en toda la historia humana. Ahora no sólo Internet es importante por las capacidades de comunicación instantánea, en tiempo real que ofrece a las corporaciones bancarias. Es también, como los acontecimientos de los últimos años demuestran una y otra vez, uno de los mejores mecanismos de movilización social que hayan existido. Incluso podría decirse que la criatura se ha vuelto contra su padre (intelectual). No olvidemos que frente a las predicciones de Marshall McLuhan sobre una aldea global, que generaría una especie de ciudadanía del bite, Internet ha supuesto una oportunidad para la difusión de mensajes de corte nacionalista y racista (31).
La historia actual, la objetividad-subjetividad y los mass-media
Unamuno decía que no podíamos ser objetivos, ya que todos somos sujetos (32). Este tema que durante la contemporaneidad ha sido uno de los argumentos principales para la clasificación epistemológica de los conocimientos, ahora para el caso de la historia actual se torna aún más importante de lo que lo fue para el desarrollo anterior de la historia.
Podría decirse que la historia actual está amenazada a lo largo de dos frentes: por una parte el legado nunca dejado atrás (en parte porque es indispensable para toda actividad investigadora) del positivimo con sus reclamaciones sobre el distanciamiento temporal e intelectual del objeto de estudio; por otro, el panorama intelectual presente y también la opinión pública, uno interesado en reconstruir las condiciones de creación intelectual del investigador (33), y la otra escarmentada por las noticias sobre manipulaciones e intereses creados en la difusión de determinadas noticias.
Parece que uno de los destinos de la historia actual es la de estar abocada a la constante intromisión de los mass media. Esto no necesariamente es un factor negativo, siempre que se sepan respetar las fronteras metodológicas del trabajo de cada profesional (34).
Sin embargo, queda abierto el segundo frente: la arbitrariedad del conocimiento o al contrario, su carácter dirigido. La respuesta a ello en principio es que no hay más solución que recurrir a la ética y profesionalidad de los practicantes de esta disciplina.
Tengamos en cuenta que como bien saben los psicólogos, la memoria (base de la historia actual junto a la disquisición acerca de ella) es profundamente selectiva. Mecanismos fisiológicos y psicológicos se alternan para dar lugar a lo que constituye nuestro bagaje de recuerdos y experiencias. Pero aquí estamos frente a un hecho biológico. Es cierto que también la memoria de una sociedad es selectiva. Tomemos como ejemplos los hechos del 11 de septiembre del 2001. Durante años quedarán grabados en la mente de muchos. En cambio, otro hecho tan trascendental como la ruptura por parte de Estados Unidos del Tratado ABM ha recibido una escasa atención, cuando hace unos años hubiera sido interpretado como un paso que nos situaba al borde del abismo termonuclear al romperse la doctrina y el hecho de la paridad estratégica.
No sólo cambian las circunstancias. Es evidente que frente a los lugares de la memoria (35), existen también unos focos de la memoria que encauzan la atención y los sistemas de mantenimiento de la memoria a unos determinados hechos. Serían esos nódulos de la red, del espacio de flujos, esas encrucijadas por donde van a pasar las autopistas de la información.
Este fenómeno se convertiría nuevamente en un ejemplo de cómo podemos convertir un contratiempo en un elemento a nuestro favor. La historia actual, aparte de profundizar en un tema de investigación de profundo interés (cómo se crean esas redes y focos de la memoria, qué intenciones hay tras ellas...) canalizaría la sensación de hastío y decepción que los medios de comunicación de masas llegan a causar en buena parte de los sectores de la población, hacia el interés que supondría poner un poco de orden y buen sentido a la avalancha de noticias que nos llegan diariamente. En esta nueva era, la información no es lo único importante, es mucho más qué hacemos con ella.
La historia actual y sus fuentes
En cierta ocasión, Georges Duby (36) estaba conversando con Lucien Febvre sobre su tesis doctoral y en concreto sobre los problemas que le acarreaba el abarcar el mayor arco posible de las fuentes. La respuesta de Febvre fue que no se preocupase, nadie podría abarcarlas todas y en caso de hacerlo, sería indeseable para la actividad investigadora si no se compensase con una buena formación teórica.
Esto mismo podría decirse para una historia actual, muy necesitada de estudios pero también de marcos teóricos que los organicen, distribuyan y den sentido. La variedad y profundidad de las fuentes con las que se nutre, se mezcla con el hecho de la ocultación de algunas esenciales, y con la constatación de la inexactitud y en ocasiones falseamiento de las mismas. Como las estadísticas de producción y desarrollo económico de la extinta URSS, o las leyes de seguridad nacional que imperan en países como Gran Bretaña y USA y suponen poco menos que un obstáculo permanente a la labor historiográfica.
El análisis de la información, se superpone a su simple recogida como uno de los criterios directores de la acción investigadora. El carácter cualitativo de la historia actual, donde el saber qué queremos y cómo conseguirlo, implica un conocimiento de las instituciones, documentos, tecnologías y demás elementos que vayamos a consultar para obtener información. Ahora el historiador actual necesita recurrir al Derecho, las Relaciones Internacionales, la Politología, la Demografía... y sin embargo los planes de estudio siguen sin reflejar esas necesidades. Esta carencia se agudiza en el caso de los programas doctorales y demás cursos de avance a la investigación, por cuanto son la cantera de los futuros investigadores.
Esta necesidad de interdisciplinariedad todavía no lograda y que supondría un mejor tratamiento y manejo de las fuentes, de conseguirse supondría para la historia actual una equiparación a las demás ciencias, y por tanto una mayor aceptación social. La ciencia y la técnica son parcelas del conocimiento que cada vez más tienden a fundirse. Ramas especializadas como biología e informática han experimentado en los últimos años un proceso de hibridación con interesantes resultados en especial para aspectos de los estudios de inteligencia artificial y computación genética (37).
Pero ¿qué les lleva a esa unión? La convergencia de intereses. En concreto, a la informática le interesa de la biología su capacidad para el estudio de sistemas capaces de almacenar información y energía, utilizarla para su reproducción y luego, al disolverse, que puedan reutilizarse la energía e información que les hicieron existir.
Pues bien, volvemos a ver cómo el problema, la definición de los intereses y preguntas a resolver a corto, medio y largo plazo, vuelven a ser la piedra angular de toda investigación. En este caso de las fuentes, porque ayudarán a delimitar las parcelas de la acción investigadora y permitirán bajo qué criterios, el investigador podrá "construir" sus propias fuentes.
4. Internet como Herramienta para la Historia Actual
Desde la expansión de Internet (38), los historiadores van tomando conciencia de una herramienta que puede no sólo ayudar en la tarea investigadora, sino también trasformar la forma de ver y hacer historia.
Es la HTP el campo de investigación histórica que más se puede beneficiar de los nuevos recursos a los que Internet da acceso, recursos que proporcionan hoy en día múltiples posibilidades, sin contar con las que se abrirán en el futuro, a medida que se desarrolle esta "sociedad de la información", hoy sólo en su más tierna infancia.
Estas posibilidades se pueden englobar en tres áreas: