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ISSN 1577-3760 · Número 12 · Temática Variada La massmedia política en tiempo de alas virtuales Por: Alicia Silva Para citar este artículo: Silva, Alicia, 2007, La massmedia política en tiempo de alas virtuales, Revista TEXTOS de la CiberSociedad, 12. Temática Variada. Disponible en http://www.cibersociedad.net
"desde el teletexto (en Italia, televideo) al video texto, desde el telefax al videolento, desde la televisión de pago al video teléfono, desde los compact disc capaces de almacenar incluso sonidos e imágenes a los progresos de la multimedialidad, desde la telemedicina a los teléfonos celulares, es toda una serie de equipos cada vez más sofisticados, que conviven con nuestra cotidianidad amenazando, a menudo, con determinarla" (p: 16). Desde nuestro punto de vista, está verificándose una penetración electrónico-comunicativa, de lo social, que con frecuencia asume los tonos de invasión y, por lo tanto, de la intromisión.Con esta afirmación se toma como punto de referencia que los nuevos media son manifestaciones que hoy caracterizan el entorno comunicativo en que vivimos; sin embargo, si se considera su historia, notaremos que éstos son a menudo el resultado de tendencias, investigaciones y manifestaciones vivas en nuestro contexto cultural, sintiéndose un efecto, de que cada instrumento que utiliza el hombre, por un lado, responde a exigencias ya presentes y, por el otro, transforma el contexto y el entorno. De acuerdo con Villanueva (1998), quien asevera que la información constituye un elemento clave en nuestras sociedades, el recurso necesario para las transacciones sociales. Por su parte, (Wolton, 2000), expresa que el verdadero problema no es la satisfacción de las necesidades de información preexistentes, sino la considerable ampliación del campo de la información, es decir, la automatización, la organización, la sistematización de informaciones tradicionales y la creación de informaciones nuevas. Al respecto, Morín (2004), opina que la información es una noción nuclear pero problemática. De allí, toda su ambigüedad, no podemos decir casi nada acerca de ella, pero tampoco podemos prescindir de ella De acuerdo a lo anterior, muchas de las técnicas que están en la base de los nuevos medios actuales han nacido en el ámbito de las investigaciones de laboratorio desarrolladas en los años sesenta, iniciadas por una transformación en el modo de concebir los instrumentos informáticos. Ahora bien, dado que las nuevas tecnologías son modificadoras de las relaciones sociales: ¿Qué influencia ejerce la tecnología sobre la cultura ordenada bajo el sistema capitalista? En primer lugar, vale diferenciar las tecnologías de las nuevas tecnologías. A decir de Bettetini y Colombo (1995), las primeras pueden definirse como el conjunto de instrumentos materiales, conocimientos y habilidades con los cuales la comunidad satisface sus necesidades y asegura su control sobre el medio ambiente físico: condiciona el qué hacer y el cómo hacer de la sociedad. Siguiendo la línea de los autores (Bettetini y Colombo (1995:49), las nuevas tecnologías (NN.TT.) son: "principalmente el conjunto de equipos que hoy permiten captar, procesar y distribuir la más variada calidad de información y las redes que facilitan su difusión o interconexión a larga distancia. A este concepto, se incluyen los sistemas lógicos adecuados para el funcionamiento más o menos automático de la maquinaria" (p.49). En relación al contexto tecnológico, los medios de comunicación, en su convergencia con las nuevas tecnologías, se están convirtiendo en instrumentos fundamentales no sólo para la reproducción de capital, para la ampliación de los mercados y para la legitimación política y social, sino que están ayudando a conformar una cultura planetaria que nos involucra a todos, y a consolidar un tipo de sociedad, caracterizada como sociedad del multimedia (Postman, 1991) o virtual (Negroponte, 1995), donde la convergencia cultural y simbólica, a través de las redes electrónicas, ocupará un lugar central.3. De la Mass media a la Mass mediación Política En la actualidad, los medios de comunicación constituyen una herramienta persuasiva que permiten mantenernos en continua comunicación con los distintos sucesos sociales, económicos y políticos tanto a escala nacional como internacional. Las sociedades modernas se encuentran permanentemente en comunicación; en ellas, los medios tienen el poder de conectar las partes dispersas en el todo, desempeñando un papel importante en la promoción y formación cultural. Martín (1986:58), señala que "los medios de comunicación de masas intervienen en la selección del acontecer público y median una representación institucionalizada y objetiva de lo que acontece, realizando una tarea mitificadora y ritualizadora". Desde esa perspectiva es que los más importantes medios de comunicación del país, especialmente la prensa y en menor grado la radio y la televisión, asumieron el tema de la agenda sobre libertad de expresión, así como se apropian de los demás temas, pero este se lo adjudicaron de forma muy militante porque les toca a ellos directamente. En concordancia con Wolson (2006), desde hace un tiempo en materia de técnicas de comunicación, no se debe elegir entre medios masivos y nuevas tecnologías, ni jerarquizar esos mercados y esas técnicas. Se necesitan unos y otros. Necesitamos unos y otros: la prensa generalista, la radio y la televisión para garantizar el lazo social. Las nuevas tecnologías de información y comunicación y los medios temáticos para satisfacer las aspiraciones individualistas crecientes. Lo que sucede es que, en esas dos funciones complementarias, las dimensiones colectivas son hoy más frágiles, pues el movimiento cultural es hoy más sensible al individualismo que a las dimensiones colectivas. De acuerdo a lo anterior, Rheingold (2004) resalta que los medios masivos de comunicación tienen cada vez mayor poder y tienen una influencia creciente en todos los ámbitos de nuestra vida. Estamos obligados a evitar lo que pueda dañar a la persona, a la familia y a la sociedad en su existencia, estabilidad, equilibrio y felicidad. Smith (2001) por su parte opina, que los medios masivos de comunicación son un poderoso medio de socialización, muchos afirman que, a la par de la familia, la escuela y el trabajo, modelan los sentimientos, las creencias, entrenan los sentidos, ayudan a formar la imaginación social; en síntesis, fomentan y facilitan ciertas construcciones mentales por donde transcurre luego el pensamiento de las personas en sociedad. Ante este panorama, podemos concebir que si algo caracteriza al siglo XXI ha sido el desarrollo de la cultura de masas, a través de los medios de comunicación que han vivido una expansión enorme. Periódicos, radio, la televisión y ahora la world wide web o internet, se han convertido en los creadores de debates, de ideas compartidas, de cohesión social, de mitos y leyendas. Pueden además crear opiniones o actitudes entre personas, reforzar actitudes ya existentes o disminuirlas, convertir personas a un punto de vista opuesto al que mantenían, y otros. Ante esta realidad, universalmente es tan resaltante la importancia de los medios masivos de comunicación en la actividad política y, más específicamente, en la construcción de la cultura política, que ellos se han convertido en una variable independiente a la hora de hablar de las nuevas realidades de la democracia en el mundo. Se coincide con lo que plantea Hard y Negri (2002), la democracia requiere una innovación radical y una nueva ciencia. Necesitamos concebir formas diferentes de representación, o tal vez nuevas formas de democracia que superen el paradigma de la representación. Cuando la multitud es por fin capaz de regirse a sí misma, la democracia es posible. Apunta Puerta (2005), en todo caso, la relevancia de los medios en la política actual, el fenómeno de la llamada mass mediación de la política, es un aspecto importante, pero no único, de una crisis más general de la democracia representativa en el mundo, crisis que, iniciada hacia la década de los ochenta, se reedita la situación de principios del siglo XX, cuando las formas modernas tradicionales del parlamentarismo y los agrupamientos políticos correspondientes, evidenciaron sus deficiencias para canalizar las demandas sociales hacia el estado, combinar las consideraciones técnicas y las representativas a la hora de la toma de las decisiones estatales, y así posibilitar una identificación a los nuevos agrupamientos sociales. 4. Una tríada insoslayable: Opinión Pública, Política y Publicidad Para Wolson (2006), el espacio público es un concepto creado por Immnanuel Kant, ignorado por mucho tiempo, y revalorizado por Jurgen Habermas, muy importante para pensar la democracia en masas. Designa el espacio intermedio entre la sociedad civil y el Estado. Es un espacio simbólico donde se expresan e intercambian opiniones contradictorias de los individuos y los grupos. Los medios tienen aquí un papel fundamental, pero el espacio mediático no es sinónimo de espacio público, más amplio y complejo. Actualmente, estamos habituados a vivir en un espacio público mediatizado que ya no tenemos conciencia de las mutaciones comunicacionales que la existencia de éste supuso. Sin embargo, la comunicación pública es, ese motor invisible del espacio público donde se organiza la relación entre los puntos de vista contradictorios de los actores políticos, los medios y la opinión pública. Si el tema de la opinión pública ha tomado importancia en la literatura política contemporánea, es porque en todas partes han entrado en crisis tanto las antiguas identificaciones, que conllevan criterios de juicio semejantes sobre cuestiones muy diferentes como la delegación a grupos, partidos o sindicatos, de la tarea de indicar cómo se aplicaban tales criterios. En el sentido moderno, la afirmación de la opinión pública supone el reconocimiento de que todos pertenecen a una humanidad común, al mismo tiempo que el reconocimiento de la diversidad de intereses y opiniones. Si hay un escenario en el que se hagan visibles los muy diversos y contradictorios elementos que componen hoy la vida política es el que nos ofrece la opinión pública. En ella convergen la racionalidad de las encuestas, y sus cálculos de probabilidad, con las artimañas de los sondeos de toda laya, a toda hora desde todos los medios. Y convergen también restos de las ideologías y las convicciones de los militantes de partido con las emociones y los sentimientos que los medios suscitan en las audiencias, a las que encauzan hacia una determinada posición. Nunca la adscripción filosófica griega de la opinión al mundo de la vida inmediata, y la pre-visión de Tarde (1901) al ubicar la opinión pública en el ámbito de las creencias y la comunidad creada por los medios, fueron tan actuales y certeras. La cínica interrogación de Baudrillard (1996), ¿puede opinar la masa?, ¿son acaso las masas representables?, y su respuesta: ni son reprensentables ni capaces de expresión, son sólo sondeables, ni capaces de expresión, son sólo sondeables, nos abocan - más allá de que hoy ya no esté de moda en la academia hablar de masas - a una cuestión de fondo: la opinión pública, ¿puede sobrevivir al vaciado simbólico de la política y a su incapacidad de convocar, interpelar/construir sujetos sociales? Porque entonces ya no le quedaría sino la función de integración mediante la fabricación del consenso, y de legitimación del día a día de un poder sin demanda de sentido. La formación inicial de la esfera pública burguesa es entendida por Habermas (1990) como la aparición de aquella instancia mediante la cual el interés público de la esfera privada en la sociedad burguesa deja de ser percibido exclusivamente por la autoridad y comienza a ser tomado en consideración como algo propio por los súbditos mismos. Lo que emerge en la esfera pública es un nuevo modo de asociación no vertical (como el que se forma desde el Estado) y del que hacen parte originariamente sólo los que tienen instrucción y propiedad. Condición que lastrará a futuro esa esfera, pues no será capaz de resolver el dilema que entraña: la traducción de la voluntad general en razón universal no hará sino traducir el interés general en argumentos privados identificando el espacio político con el espacio público burgués. Un siglo después la esfera pública es redefinida por la presencia de las masas urbanas en la escena social, cuya visibilidad remite a la transformación de la política que, de un asunto de Estado, pasa a convertirse en esfera de la comunidad, la esfera de los asuntos generales del pueblo. De otro lado, la visibilidad política de las masas va a responder también a la formación de una cultura-popular-de-masa: los dispositivos de la mass mediación articulan los movimientos de lo público a las tecnologías de la fábrica y del periódico, al mismo tiempo que la aparición de la rotativa, gracias a la cual se amplía el número de ejemplares impresos, abarata los costos y reorienta la prensa hacia el «gran público». La publicidad, en el sentido habermasiano, va a conectar entonces dos discursos. El de la prensa que ensambla lo privado en lo público a través del debate entre las ideologías y la lucha por la hegemonía cultural; y el de la propaganda comercial que trasviste de interés público las intenciones y los intereses privado. Entre ambos discursos se produce el desdoblamiento que lleva de lo público al público que conforman los lectores y los espectadores de las diversas manifestaciones culturales. En esa línea, "Habermas sostiene que el desarrollo del capitalismo mercantil en el siglo XVI, junto con las cambiantes formas institucionales del poder político, crearon las condiciones para que, a principios de la Europa moderna, surgiera una nueva forma de esfera pública" (Thompson, 1998: 100). 5. La Opinión y Consumo Cultural Bourdiniano García (1993), señala que existen diversos modelos heurísticos para analizar el consumo: como efecto de las estrategias mercantiles de los grupos hegemónicos o empresariales, como escenario de disputa entre clases sociales por aquello que la sociedad produce, como objetivación de los deseos, como sistema de integración y comunicación social, como ritual que selecciona y fija significados. Nos interesaría aquel modelo que nos permitiera estudiar cómo el consumo cultural forma colectivos. En este sentido, entendemos que es mediante el consumo de bienes culturales (específicamente la información y opinión política mediática) como se producen determinados enclasamientos y distinciones sociales, así como determinadas condiciones de posibilidad para la producción de opinión por parte de segmentos sociales. Es decir, estudiando el consumo cultural podemos observar los procesos por los cuales se realizan las distintas identificaciones sociales y el papel que juegan los medios en esos procesos. Se trata entonces de tres fases de un mismo proceso de identificación: el enclasamiento, la adquisición de los medios de producción de opinión y la construcción de un relato identificador de colectivos. Para estudiar este aspecto, nos referiremos al presentado por Bourdieu (1998) en su obra La Distinción, propone una diferenciación de clases atendiendo no únicamente a las propiedades o a las relaciones de producción sino a la manera en que estas propiedades en relación conforman un habitus de clase determinado y cómo éste se sostiene con las prácticas de las que es producto. De una manera concreta, el habitus depende de las relaciones que existen en un individuo / grupo entre el capital económico y el capital cultural. Bourdieu (1998), presenta una diferenciación de los habitus en función de la clase social, encontrándose en cada una, una multiplicidad de matices al modelo general. "Las diferentes especies de capital cuya posesión define la pertenencia a una clase y cuya distribución determina la posición en las relaciones de fuerza constitutivas del campo de poder y, al mismo tiempo, las estrategias que pueden adoptarse en esas luchas son simultáneamente unos instrumentos de poder, desigualmente poderosos en realidad y desigualmente reconocidos como principios de autoridad o signos de distinción legítimos" (p. 317). El sentido de la distinción, de acuerdo a Bordieu (1998), se basa en la búsqueda del máximo de "rentabilidad cultural" (p.267). Esta rentabilidad se maximiza mediante el establecimiento de una relación próxima con la cultura legítima y se encuentra representada por la clase dominante. Es precisamente esta proximidad la que provoca una relación cotidiana y por tanto despreocupada con actos como ir al teatro, conciertos de música clásica contemporánea y otros.Esta clase social se encuentra en el mapa social donde se intersecciona una gran cantidad de capital económico con una no menos importante de capital cultural. Suele identificarse esta clase social por el hecho de recurrir frecuentemente en aquel tipo de ocio y consumo propios de la clase ociosa de Veblen a ser, el ocio y consumo ostensible. Este tipo de actividades suponen una importante inversión en capital social y cultural por parte de este tipo de clases, y por tanto, proporcionan elementos distintivos de habitus que reproducen la cultura legítima en contraposición a otros habitus de clase. Es la clase dominante la que quiere poseer y posee la "cultura legítima" y esto es lo que les confiere el más alto grado de habitus distinguido (Bordieu, 1998:280). Por su parte, la pequeña burguesía puede ser caracterizada por su buena voluntad cultural. Esta es entendida como la distancia que se produce entre el conocimiento y el reconocimiento. Es decir, el pequeño burgués venera la cultura dominante, reconoce su valor como fuente de distinción social pero no participa de una relación estrecha con ella. Con asiduidad, la distancia entre el conocimiento y el reconocimiento, evidencia su falta de proximidad con la cultura legítima con lo que quedaría demostrada su alodoxia cultural. Este concepto recoge todos aquellos errores de identificación de la cultura legítima en las que se pone de manifiesto esta distancia. La cultura pequeñoburguesa genera una serie de subproductos de la cultura legítima que, por decirlo brevemente, son más baratos y producen el mismo efecto. El jazz en contraposición a la ópera (aunque últimamente, y según de que tipos de jazz hablemos, se puede considerar como gusto propio de cultura legítima), la divulgación en lugar de la Ciencia. Es la pequeña burguesía la que juega un papel más serio en relación a la cultura dominante, ya que poseerla es el fin que pretenden conseguir y con ello alcanzar mayores cotas de distinción social, pero, al contrario de la gran burguesía no pueden permitirse una relación distendida con la cultura pues no existe una familiaridad tradicionalmente adquirida. Es por esta razón, por la que las expectativas se centran en el sistema educativo como fuente de provisión de esta relación y delegan, por tanto, en muchos casos la satisfacción cultural que no pueden conseguir en el presente en sucesivas generaciones que puedan cumplir el deseo de ascensión (y distinción) social. Por su parte, el habitus de clase obrera se define por la elección de lo necesario. Es decir, se trata de la necesidad hecha virtud. Podemos advertir, aquí, cómo la cómo el habitus de clase puede desligarse de las condiciones de vida de la que es producto, de manera que aunque, los recursos materiales de los que dispongan aumenten notablemente, las prácticas estarán condicionadas por esta elección de lo útil, de lo funcional, de lo que, en definitiva "está hecho para ellos". Las elecciones en materia cultural de esta clase social se justifican, entonces, en aquellas prácticas que consuetudinariamente se han establecido como propias de la gente de esa clase. De ahí viene la norma del principio de conformidad, que tiene su explicación en el sentido de que se trata de una llamada de atención a la gente de clases populares que tiende a revestirse de acciones propias del habitus pequeñoburgués. Viven en un "universo cerrado" (Bordieu, 1998:388) en el que las acciones sirven como refuerzo de la tradición y a su vez como negación de la vanguardia, que, en muchos casos es percibida como un ataque frontal contra el orden tradicional de sus cosas y efecto de las prácticas destructoras del propio grupo. Desde los medios se construye una idea de opinión pública con encuestas y sondeos, "que tienen cada vez menos de debate y crítica ciudadanos y más de simulacro" (Martín, 2002). Estamos ante una dinámica en la que cotidianamente se nos presentan resultados de estas consultas como la opinión pública legítima y válida, mientras que en este incesante bombardeo de información y toma de posiciones "la sociedad civil pierde su heterogeneidad y su espesor conflictivo para reducirse a una existencia estadística" (Martín, 2002:28). 6. Simulacros de la Mass media Política en América Latina Thompson (2001) ubica los orígenes del escándalo en los medios impresos en los siglos XVIII y XIX. Sin embargo, le da amplia cobertura al siglo XX, así precisa que con el desarrollo de las sociedades modernas, la naturaleza, el alcance y las consecuencias de los escándalos han variado en algunos aspectos. Y uno de los aspectos en que han cambiado está relacionado con el hecho de que se hayan visto cada vez más vinculados a formas de comunicación mediata. A partir de este fenómeno, Thompson, señala que en la actualidad ha surgido una forma nueva a la que denomina escándalo mediático, y comenta que son escándalos cuyas propiedades difieren de las que aparecen en los escándalos locales y cuyas consecuencias tienen un alcance completamente diferente. Los escándalos mediáticos no son simples escándalos reflejados en los medios y cuya existencia es independiente de esos medios: son provocados, de modos diversos, por las formas de la comunicación mediática, Autores con un marco de reflexión situado en América Latina, como Martín (2001: 75-77), han apuntado que esta dinámica no resulta extraña a la experiencia social de nuestros países dado que estamos en sociedades en las que actores tradicionales como el Estado, Iglesia y partidos políticos ya no pueden vertebrarla, y hay una presencia masiva de la industria mass mediática, con lo cual "lo público se halla cada día más identificado con lo escenificado en los medios". La proyección de lo que sucede vista a través de ellos hace pensar que en muchos casos todo termina donde acaban los límites de lo que presentan. Por tal razón, el resto de un mundo que sigue generando otro tipo de construcciones comunicacionales queda excluido y la comunicación parece ser sólo asunto de los medios. A partir de esta premisa, es en cierto modo comprensible que la sociedad civil sienta realizada una de las fases más importantes de su hacer cuando logra ocupar un espacio dentro de esa inmensidad, que a su vez, es sólo una parte del conjunto de expresiones comunicativas al interior de una sociedad. Pero tal vez por ser ésta la más pública y evidente, se desdibuja un poco el significado del resto de manifestaciones que, si bien no aparecen en la escena de lo mediático, pueden ejercer un peso igual de decisivo en la configuración de lo cotidiano. En este tenor, argumenta Mata (2002): "se habla de los medios masivos como lugar del encuentro, del reconocimiento, de la construcción plural de la opinión. Los medios son, para algunos, el lugar de la realización plena de esa comunidad inclusiva que nuestros países niegan, de esa ciudadanía meramente nominal o incompleta derivada de las profundas desigualdades económicas y sociales en que vivimos y que conculca no sólo los derechos ciudadanos sino que impide el cumplimiento de las obligaciones que esa condición conlleva y hasta la misma posibilidad de reconocer y reivindicar aquellos derechos" (p: 67). No cabe duda de que independientemente de los valores que defiendan o de las posiciones que los medios asuman, la posibilidad de hacerse presente en ellos es, al menos, garantía de acceso a un espacio donde convergen diversos sectores cuyo encuentro propicia deliberaciones en torno a temas de interés colectivo.En este escenario, Richard (1998) a favor de un interés latinoamericano en el debate postmoderno diciendo que somos parte interdependiente de la red de planetización de las influencias que pone en contacto telecomunicativo el aquí-ahora de todos los sujetos receptores diseminados en el centro y en la periferia de la información cultural. Esta mundialización de la cultura, nos obligaría por sí a tomar posición, a operar de (s) marcaciones para no perder conciencia situacional en medio de la confusión de fronteras que resulta de la satelización de lo real. Ante esta realidad, Sarlo (1995), expresa como interrogantes ¿qué ha sucedido con las imágenes de la política y los políticos? Las últimas campañas electorales en Argentina, Brasil y Perú, exhibieron una espesa red de préstamos entre el discurso político y los mass media. Se cita por ejemplo: las elecciones peruanas, fueron ocasión y ejemplo de construcciones simbólicas que no siempre respondían al régimen del discurso político. Las fotos trucadas de Fujimori y Vargas Llosa El ejemplo que se presenta, es un reflejo de lo que sucedió en Perú, donde se muestra a Fujimori en una de las fotos de su campaña, que lo mostraba, todo vestido de blanco, en el acto de partir al medio un ladrillo de tamaño considerable con el canto de su mano derecha. El ladrillo de la foto había sido roto previamente (quizás con un golpe dado por u karateca verdadero) y dispuesto entre dos tablas, detrás de las que Fujimori posó imitando el gesto, aunque claramente concentrado en ser modelo de la foto y no pegar el golpe. Su kimono blanco, ajustado a la cintura, fortalecía la imagen clásica de un candidato: alguien que se viste de blanco a los efectos de mostrar un exterior tan puro como deben serlo sus intenciones. Ángel, profeta, karateca: da lo mismo porque el objetivo se cumplía si Fujimori lograba no parecerse a un político. De manera barroca por la complejidad de la doble negación. Fujimori no quiso parecer lo que no es y, sin incoherencia, para no parecerse a un político se disfrazó de karateca. En la ciudad de Lima, Mario Vargas Llosa, que quiere parecerse a un intelectual cuyos principios morales lo impulsan a la acción política, posaba para una foto en el fondo de su casa. Los encargados de tomarla habían ocultado la piscina con una parecida de cartón y lata, contra la cual dispusieron a algunos pobres, aindiados y mal vestidos, un chico con la cara sucia y otros elementos de utilería. El tema de la foto era la visita del candidato a una villa miseria. Todo como le hubiera gustado a Hollywood de la edad de oro, reconstruido en estudio. Vargas Llosa, realista al fin de cuentas sabe más de representaciones que de símbolos. Fujimori, como buen oriental, confía más en los símbolos que en las representaciones. Pero los dos aman el simulacro y quisieron atesorar su fuerza. ¿Qué pasa cuando esta parafernalia ocupa el lugar de la política? La estética de la televisión y del advertising propone su modelo a la esfera pública, que se ha mass-mediatizado. Las figuras del caudillo, del ejecutor, del parlamentario se funden en la del comunicador, modela sobre el ideal de alto impacto y gran frecuencia por unidad de tiempo, baja cantidad de información o alta cantidad de información indiferenciada que no funciona como mensaje sino como comunicativo. Las formas discursivas intelectuales son despreciadas por un populismo comunicacional que copia las estrategias de los mass media, creyendo ponerse en contacto con una cultura popular descubierta en las huellas que los mass media dejan sobre el imaginario colectivo. Para la estética del advertising, la verdad es indiferente no porque se la reconozca como construcción, sino porque es sencillamente superflua frente a los poderes tanto del hiperrealismo de un noticiario cualquiera, como de la simulación simbólica de los discursos. La foto de Fujimori y la de Vargas Llosa son apenas dos ejemplos del nuevo estilo de construcción política. Se reemplazan los símbolos de la esfera pública y sus géneros discursivos por una estenografía que ya no es escena sino artificio de escena, construida para la contemplación y, sobre todo, para la contemplación en los mass media. Doble artificio, cajas chinas de la política como espectáculo que, más que visto directamente, se monta para ser grabado, fotografiado, televisado: la utopía mass media de Mc. Luhan es hoy. 7. La Mass mediación Política a la Venezolana La mass mediación en la Venezuela del presente está configurando una nueva forma de ser ciudadanos, una nueva manera, una manera distinta de representarnos en el ámbito de lo político. (Bisbal: 2003). Explicó que una investigación realizada por un equipo del Centro Gumilla, en 1999, reveló el alto porcentaje de participación de los ciudadanos en el nivel de uso de aparatos mediáticos como la televisión (98%), la radio (72%), música de CD o cassette (62%) o la prensa escrita (49%). Todos ellos en conjuntos nos están diciendo como los aparatos de mediación social más importantes en este momento lo constituyen los aparatos mediáticos, la mass mediación que ellos introducen (Bisbal:2003) . En ese sentido, señaló que los nuevos signos que aparecen van determinando y modificando unos niveles de comportamiento en distintos ámbitos de la vida, que tienen que ver con los campos de la política, la democracia, la participación ciudadana y la manera de entender la política y al partido político. En su análisis se planteó una interrogante: ¿Cómo entendemos hoy, más allá de lo que yo quisiera llamar la ideología de la nostalgia -tan presente en estos tiempos, al menos en el contexto venezolano-, los cambios que los medios de comunicación social y su mediación han venido introduciendo en el tiempo presente?. Considera que hoy día hay un desencantamiento de la política, que se evidencia sobre todo en las jóvenes generaciones. Considera Puerta (2005) que en Venezuela se ha establecido como fecha de referencia de este proceso de mass mediación de la política, la campaña electoral de 1968, cuando los candidatos de Acción Democrática (AD) y el Comité Operativo de Política Electoral Independiente (COPEI) utilizan masivamente los medios radiotelevisivos. Fue la campaña presidencial del año 1973 cuando las cuñas de televisión se convierten en el medio privilegiado para la acción política, se generaliza la contratación de asesores extranjeros que introducen masivamente en el país el marketing político, y se generaliza la utilización de encuestas, tanto como instrumentos de orientación de la propaganda, como elementos de propaganda en sí mismas. En Venezuela, por ejemplo, hace algún tiempo se nota un cambio en la relación de la sociedad con respecto al ejercicio de su ciudadanía. Si bien la posición años atrás se limitaba a realizar ciertas peticiones, hoy día se observa, precisamente con la conformación de organizaciones activas dentro de la sociedad, una necesidad de búsqueda de soluciones desde el conocimiento de los propios problemas, dejándose un poco de lado la visión mesiánica de que todo llegará sólo desde el Estado. Precisamente el hecho de que las organizaciones de la sociedad civil se abran espacios dentro de la opinión pública a través de los medios de comunicación por sí mismas, da cuenta de ello (Capriles, 2003: 109). Apelando justamente a estos mecanismos de consulta, en el caso venezolano, cabe recordar que los medios de comunicación, según los sondeos de la firma Datanálisis, vinieron ocupando durante años un lugar privilegiado entre las instituciones de mayor credibilidad para los consultados; esta tendencia parece haberse roto, según estas propias consultas de opinión- durante el 2002 y especialmente con la crisis institucional vivida en abril de ese año y el papel que jugó el sector comunicacional en la misma. Recordemos que en ese momento, los medios de comunicación venezolanos, privados y estatales, se suscribieron a una u otra tendencia política, a un sector o al contrario, respondiendo a lo que ellos mismos consideraban necesidades del público. Al recibir una retroalimentación positiva por parte de sectores sociales que se identificaban con sus planteamientos, construían y trataban de reflejar verdades parciales al margen de las posibles necesidades informativas de la población como conjunto. Sin embargo, algunos autores consideran que la verdadera importancia social de la acción de los medios de comunicación de masas no se sitúa en el plano más inmediato de las actitudes y opiniones individuales, en el cual su influencia es bastante relativa. Por el contrario, esta repercusión hay que buscarla en un plano más profundo, más a largo plazo, "en los efectos que tienen sobre la comprensión de la realidad política por parte del público y, en consecuencia, sobre la formación de la opinión pública" (Benedicto, 2002: 35). En un proceso en el cual ha habido una adaptación por parte de la sociedad al hecho de que los medios estén presentes en muchos ámbitos, no resulta extraño que los mismos se vean como integrantes de la esencia social. El impacto de su acción ya no se ubica en la influencia directa sobre actitudes y conductas, sino que va más allá, a la creación de significados que conlleva a la conformación de una realidad. 8. A Modo de Conclusión Es de vital trascendencia evidenciar cómo los media se sitúan en una posición central, de intersección entre las diferentes industrias que producen instrumentos de soporte a la comunicación. Se hace imposible, por tanto, aplicar los nuevos media las tradicionales subdivisiones, por ejemplo: prensa, cine, radio, televisión, correo y teléfono. En segundo lugar, el hecho de que los nuevos media se sitúen en una posición central respecto del mapa que estamos considerando significa que pertenecen a una dimensión intermedia entre forma y sustancia. Las sociedades modernas se encuentran permanentemente en comunicación; en ellas, los medios tienen el poder de conectar las partes dispersas en el todo, desempeñando un papel importante en la promoción y formación cultural. Ante esta realidad, el aporte de Habermas (1990), como han reconocido diversos estudiosos, ha sido capital para ubicar la importancia de la prensa, de los medios de comunicación en un sentido general, en la construcción de la acción política, dentro de las sociedades modernas. Esta conformación de la esfera pública a la cual hace referencia y permite detectar un cambio de época, de mentalidad, en torno a la participación en los asuntos de interés público, y el rol mediador de la prensa en la compleja relación entre Estado y sociedad. La revisión histórica permite ubicar características particulares de aquel contexto, pero que a la luz de las sociedades contemporáneas no deja de tener validez su reflexión y revisión. Correríamos el riesgo de caer en la ideología técnica, es decir, exigir de una técnica, aunque sea de comunicación, que resuelva un problema humano y social. En torno al incremento de intrusión de los medios de comunicación en el proceso político no necesariamente sinónimo de absorción de las instituciones políticas, gobiernos, partidos, dirigentes, movimientos; por parte de los medios. No perder de vista éste tema, sobre países latinoamericanos, la cuestión de lo público y el papel de los medios de comunicación, sigue teniendo absoluta vigencia y necesidad de ser abordado. Las crisis políticas que han debilitado a la institucionalizad democrática, han corrido de forma paralela al robustecimiento económico y político de los medios de comunicación, especialmente de la televisión. Esto ha colocado un poder muy importante en estos medios para intervenir en la vida pública. En no pocos casos estamos presenciando también un cambio de época en relación con la constitución de lo público, que vaciado de su razón política (de su interés precisamente público) puede quedar expresado en simple estrategia y expresión mediática. En torno a este tópico, Wolton (2000) expresa: es peligroso, por ejemplo, decir que la sociedad del mañana será la de la información y la comunicación, ya que los sistemas de información ocuparán un lugar central en todos los aspectos de la economía, la educación, el ocio y los servicios, y esto es peligroso. ¿Por qué? Porque el sistema técnico que domina en una sociedad, en este caso las técnicas de información, no basta para caracterizarla. Incluso si este sistema técnico gestiona la información y la comunicación. En concordancia, con lo expuesto anterior, expone Islas (2005), es posible afirmar que el inteligente empleo de las avanzadas tecnologías de información y comunicaciones efectivamente puede contribuir a la positiva transformación del Estado. En el tránsito a la llamada sociedad de la información el Estado deberá transformarse en útil proveedor de información ciudadana. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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